miércoles, 17 de junio de 2026

¿Con quién le irá mejor al país?

Alfonso Castillo Garzon

Defensor de los Derechos Humanos


A tan sólo 4 días de la elección presidencial en segunda vuelta, para decidir en cabeza de quién estará el gobierno en los próximos cuatro años y en medio de una profunda polarización política, que no es cosa distinta que la continuidad de una profunda fractura ideológico-política que ha tenido el país durante buena parte del siglo XX y lo corrido del siglo XXI,  y que se profundizó durante la discusión del plebiscito por la paz en octubre el año 2016, a través del cual, el país se puso en la disyuntiva de aprobar o no el acuerdo final de paz ,elaborado en un proceso de negociación entre la extinta guerrilla de las FARC - EP y el gobierno colombiano de Juan Manuel Santos. 


Como parte de esa polarización, el país político discute un asunto que no es de poca monta, se trata de decidir cuál será el rumbo político y social que tendrá Colombia en el próximo cuatrienio.  De un lado la candidatura del defensor de los Derechos Humanos Iván Cepeda que plantea un modelo de continuidad y profundización de las reformas emprendidas durante el primer gobierno progresista de Colombia,  con un programa de que plantea una lucha contra la corrupción, la defensa del medio ambiente, y la persistencia en la búsqueda de la paz,  por supuesto, defendiendo la autonomía y la soberanía nacional.  De otro lado está la candidatura de quien valiéndose de las redes sociales y con un discurso entre mesiánico y delirante, ha apelado a la política como un show y un espectáculo mediático, con mensajes efectistas, que exaltan la continuidad de la guerra,  la entrega de los recursos naturales a intereses extranjeros,  el odio al opositor político, el irrespeto a las identidades culturales, desde un discurso patriarcal, que en todo caso no muestra por ningún lado la decencia en la política.


Así, las dos candidaturas representan proyectos de país distintos,  Iván Cepeda y Aída Quilcué, promueven un proyecto que privilegia la vida que busca superar las desigualdades y las inequidades sociales, económicas y políticas, mientras que de el otro lado, la candidatura exalta los valores proclives a un neofascismo criollo y a un falso discurso para disminuir el tamaño del estado, y lucha frontal contra la delincuencia,  cuando el mismo, tiene entre sus antecedentes en su labor profesional, exaltación de esa delincuencia de la cual se ha lucrado, al punto de hacerlo una persona con mucho poder económico, que da muestras de no tener escrúpulos, tanto que habla de “extirpar a la izquierda”, en un país que por años ha sufrido la estigmatización y el genocidio contra las ideas progresistas y democráticas y que ha costado el genocidio de movimientos políticos como la Unión Patriótica, A luchar y Frente Popular, pero que también se ha extendido a prácticas etnocidas,  con aniquilamiento a comunidades afrodescendientes e indígenas a lo largo y ancho del país, así como, prácticas de violencia política y social contra las comunidades sexualmente diversas e incluso con prácticas instaladas socialmente como el feminicidio.


Lo que se disputa en las elecciones del próximo 21 de junio, es si el país va a mantener un gobierno que piensa en ampliar los derechos de las mayorías, o se gobierna para defender los intereses del proyecto neoliberal, privilegiar las élites y por tanto mantener la violencia y la guerra como método politico, para desde el miedo, seguir gobernando en beneficio de unos pocos.


De esta manera, ante la reiterada pregunta de ciudadanos indecisos o no suficientemente informados, ¿Con quién le irá mejor al país? Es importante tener en cuenta que la respuesta a este interrogante, siempre estará asociada a los intereses de distintos sectores sociales y económicos. Si gobierna el candidato de la ultraderecha, vinculado a intereses extranjeros, nexos con sectores del paramilitarismo y de los grandes grupos económicos, entonces a ellos les irá muy bien, porque seguirá reinando la impunidad, la mentira y la ampliación de privilegios económicos para los grupos más poderosos, esto en detrimento de los derechos y garantías democráticas. Si gobierna un proyecto progresista, encabezado por Iván Cepeda y Aída Quilcué, al país de los colombianos de a pie, al pueblo trabajador, a los campesinos, a los excluidos de siempre, a las mujeres y jóvenes, a niños y niñas, a las diversidades sexuales, a miles de colombianos en situación de discapacidad funcional, a los adultos mayores, a pensionados, a indígenas y comunidades afrocolombianas,  a millones de víctimas del conflicto armado, a todos ellos les irá mejor, porque el progresismo como proyecto político ha luchado históricamente por conquistar y ampliar los derechos para estas mayorías, además de luchar por ampliar las libertades democráticas y políticas, persistir en la construcción de la paz como eje para el desarrollo social, político y económico del país, se continuará trabajando para derrotar la corrupción y la impunidad, al tiempo que se fortalecerá la lucha por la memoria y la verdad histórica.


Este 21 de junio, más allá de pensar de manera individual como me puede ir, con uno u otro tipo de gobierno, es necesario que pensemos  colectivamente en Colombia, en la protección del medio ambiente y de los recursos naturales al servicio del desarrollo nacional, y en este sentido el proyecto progresista que aspira a continuar gobernando y derrotar el proyecto elitista que solo está pensando en mantener privilegios a los más poderosos. Es momento de apropiarnos del mayor espíritu democrático y salir a defender vida, dignidad, justicia y paz.


Bogotá, 17 de junio de 2026



miércoles, 10 de junio de 2026

15 años de la ley de victimas entre frustraciones y esperanzas.

Alfonso castillo 

Defensor de los Derechos Humanos


Se conmemoran 15 años de la sanción presidencial a la ley de reparación y restitución a las víctimas del conflicto armado, como el resultado de un compromiso  del presidente Juan Manuel Santos, que contó con el concurso y respaldo  de un grupo significativo de parlamentarios que permitió que el trámite se diera sin los tropezones y retrasos que suelen presentarse en el congreso de la república.  Esto quizá como una forma de resarcimiento, tanto el presidente Juan Manuel Santos, como de los parlamentarios de la coalición del gobierno y de distintos sectores de la izquierda, después de un frustrante proceso de consultas a las víctimas en varias audiencias por todo el país, convocadas por por el congreso y respaldadas por un amplio número de organizaciones de Derechos Humanos y paz y un debate en el congreso de la república que se llevó a cabo entre el año 2007 y 2009 en una fallida ley de victimas y que culminó con la grotesca expresión del expresidente Álvaro Uribe Vélez de no sancionar la ley porque resultaba muy costosa para el país, según manifestó durante un consejo de gobierno en el municipio de Mompox, Bolívar el día 20 de junio de 2009  "Lo que no podíamos hacer era aceptar una ley que le iba a traer al país un costo de 82 billones de pesos (unos 36.210 millones de dólares), y que les daba a los agentes del Estado, los policías y soldados, el tratamiento que se les da a los terroristas"


Luego de este fracaso institucional de establecer un marco normativo para garantizar los derechos de las víctimas del conflicto armado, durante el gobierno de Juan Manuel Santos se tramitó y sancionó el 10 de junio del 2011 la ley 1448, que se constituyó como un importante instrumento de política pública para la atención a las víctimas, al menos en las medidas qué hacen referencia a la indemnización (que no reparación integral) y al procedimiento para la restitución de tierras. La ley, constituye sin duda alguna un avance, en la creación de un instrumento de registro, al tiempo que se establecieron protocolos específicos para la atención a las víctimas con un enfoque diferencial, especialmente de un procedimiento y de una ruta de atención para los enfoques étnicos y de género, también un importante desarrollo en materia de definir los hechos victimizantes y el establecimiento de una institucionalidad encargada tanto de la atención, como del procedimiento para el reconocimiento de esa indemnización. 


Sin embargo, desde el comienzo la implementación de la ley 1448 ha contado con una dificultad, que año tras año ha intentado subsanarse, pero que no ha logrado la contundencia que se requiere, es el problema de la financiación de la misma. Al gobierno colombiano le ha faltado audacia para generar los recursos suficientes que permitan avanzar más rápidamente en el reconocimiento de la indemnización a las víctimas, y contrario a este derecho, y debido a la falta de recursos se han creado barreras de acceso para el reconocimiento de la indemnización, bajo la excusa de criterios de priorización, que no han hecho cosa distinta que excluir a una parte importante de las víctimas.


Un gran problema que han tenido que enfrentar las víctimas para el acceso a su derecho a la indemnización y en general para la construcción de una política pública con enfoque reparador, es la desarticulación institucional, problema que ha persistido en el estado colombiano si se considera que ya desde el año 2004 la corte constitucional con la sentencia T 025 y decenas de autos de seguimiento, ha llamando la atención, sobre esta que es una falla estructural, la desarticulación y descoordinación institucional para el tema de la política pública de víctimas con énfasis en la población víctima del desplazamiento forzado.


También un problema estructural de la institucionalidad, es que esta tendió a convertirse en un fortín burocrático de distintas fuerzas políticas, antes que priorizar la implementación de los principios y de las normatividades establecidas para la atención a las víctimas, y en últimas de cuentas, ha prevalecido durante varios gobiernos el criterio de clientelizar y aún permitir, que desde esa institucionalidad, se promueven prácticas y ejercicios de corrupción que no se compadecen con las necesidades y urgencias que las víctimas del conflicto armado permanentemente reclaman. 


Posteriormente han aparecido nuevas dificultades, asociadas con esta desarticulación precisamente en el marco de una institucionalidad creada por el acuerdo final de paz y la jurisdicción especial para la paz, que prácticamente han hecho que corran de manera paralela acciones y políticas enfocadas en la atención a las víctimas, pero que perfectamente funcionaria de manera más eficaz, si existiera tal articulación.


La ley que hoy celebra 15 años de su sanción, ha tenido dos procesos de modificación uno primero que prolongó la vigencia de la ley por 10 años más y uno más reciente, en el año 2024 con la ley 2421, a través de la cual se amplió la definición de víctimas, dando más cabida a miembros de la fuerza pública para ser reconocidos como víctimas del conflicto armado, hecho que sigue siendo bastante discutible. Pero quizá en el marco de esa nueva normatividad lo más importante es la creación de un nuevo hecho victimizante, como lo es el desplazamiento transfronterizo, que permite y abre la posibilidad para que las víctimas en el exterior, puedan acceder en forma más eficaz a las políticas de retorno, restitución e indemnización. 


Sin embargo y reconociendo el avance de esta nueva y fortalecida normatividad, el propio gobierno no ha cumplido con los plazos fijados por el legislador para la implementación de la 2421, lo que nos sitúa en el mismo escenario que se ha enfrentado durante estos 15 años para la implementación de buena parte de la normatividad establecida en la 1448.


Así, el balance que se puede presentar sobre la implementación de este marco normativo, es el de la pérdida de una oportunidad para garantizar un avance más consolidado en el reconocimiento de las indemnizaciones, la aplicación de los enfoques diferenciales, en todo caso, un desaprovechamiento de un marco normativo para el procedimiento de restitución de tierras, que no ha logrado la eficacia suficiente, tanto que en el número de hectáreas restituidas no da cumplimiento, ni siquiera a las propias metas fijadas por el gobierno en la política restitución durante estos 15 años, si se considera que buena parte de las hectáreas que se presentan como ejercicios de restitución, son procedimientos de adjudicación de baldíos, mientras que las tierras usurpadas en el marco del conflicto armado, siguen bajo la propiedad de quienes valiéndose de la fuerza, la violencia o vacíos jurídicos siguen usufructuando esos bienes que pertenecen a las víctimas y a sus comunidades.


Igualmente en materia de participación de las víctimas y aunque hay importantes desarrollos, debe plantearse que cada vez son más notorias las dificultades para que las víctimas puedan acceder de manera plena y efectiva a unas garantías amplias y suficientes que permitan la participación sin restricciones y sin barreras de acceso a las víctimas en el diseño, implementación y evaluación de las políticas públicas. Las instituciones siguen imponiendo el desarrollo y la construcción de las políticas públicas, sin dar condiciones suficientes de participación a las víctimas para el debate de las mismas.


Un aspecto no menos importante, en el marco de estos 15 años de la ley 1448, es el la persistencia en la falta de garantías para la vida, la integridad y las libertades de líderes y lideresas,  como de organizaciones y territorios. La persistencia del conflicto armado y en especial la disputa de los grupos criminales en el control territorial, ha hecho que las comunidades y las líderes y lideresas de las víctimas, se encuentren en condición de vulnerabilidad y las políticas de protección y de prevención que se desarrollan por parte del gobierno y del Estado Colombiano, no alcanzan, ni tímidamente, a generar un ambiente que permita garantizar el ejercicio del derecho a organizarse y liderar La búsqueda del restablecimiento pleno del derecho de la paz, verdad, justicia, memoria individual y colectiva, reparación integral y garantías de no repetición, memoria y combate a la impunidad.


Hoy transcurridos 15 años de la implementación de este instrumento normativo para garantizar el derecho a la reparación y a la restitución, la sensación en las víctimas es que hay cada vez una actitud institucional, de apartarse de su responsabilidad en la garantía de la aplicación plena de esta ley. 


Por eso, para las víctimas del conflicto armado en Colombia, hoy la lucha es por garantizar la continuidad del proyecto progresista, permita como se ha planteado por parte de la campaña presidencial de Iván Cepeda: Acceso a una reparación integral a las víctimas que incluya vivienda, educación salud física y emocional, así como, mejor garantía de acceso a programas de economía popular y por supuesto un verdadero enfoque de reparación colectiva que atienda los derechos de las comunidades y organizaciones que fueron afectadas por el conflicto armado, ampliar los escenarios de participación de las víctimas en las políticas públicas,  erradicación de las prácticas de corrupción, clientelismo y tráfico el dolor, que existe en la institucionalidad que atiende a las víctimas, plenas garantías para la aplicación de los enfoques diferenciales étnico, generacional, de género y territorial, una política en la que la reforma agraria, el acceso a la tierra con oportunidades para el desarrollo de la producción agropecuaria, la defensa del derecho a las comunidades a permanecer en el territorio, defensa del agua y la naturaleza, el reconocimiento al campesinado como sujeto político, sean parte de un compromiso contundente con la erradicación de las causas de la violencia en Colombia, la verdad, memoria y justicia, serán parte sustancial de la política pública de víctimas en ese nuevo momento del gobierno progresista, igualmente, lo será el desmonte de las estructuras criminales, que siguen agobiando a muchas comunidades a lo largo y ancho del país, no menos importante será, el reconocimiento de mejores condiciones para el retorno efectivo de miles de colombianos que se encuentran fuera del país, en distintas condiciones migratorias para los cuales habrá necesidad de construir una política con más garantías. 


La participación de las víctimas será parte central de la política pública que se adelantará en el nuevo gobierno democrático en el país. Así mismo, la idea de persistir el la construcción de una paz, donde las comunidades tengan un papel más protagónico, garantizando eso sí, no dialogar con aquellas organizaciones que persistan en vincular a la población civil en sus actividades criminales u objetivo de guerra, atentar contra ellas, o que mantengan prácticas inaceptables como el reclutamiento de menores para sus actividades. 


En este sentido, las víctimas hoy deben evaluar, si lo que se requiere es apoyar un proyecto que promueve la guerra como fórmula para erradicar la violencia, tal como se ha practicado en el país en los últimos 70 años, o nos permitimos con nuestro concurso y nuestra participación activa en la política, para que la vida esté en el centro de la construcción de la nueva política, garantizado la democracia, y la dignidad. 


En la conmemoración de los 15 años de la ley de víctimas, es relevante asumir el compromiso para que la verdad sea, el eje sustanciador de la política, tal cual como la promueve la candidatura presidencial en cabeza de Iván Cepeda y Aida Quilcué.



Bogotá 10 de junio de 2026


martes, 9 de junio de 2026

8 y 9 de junio, los estudiantes tienen la palabra.

Alfonso Castillo

Defensor de los Derechos Humanos 


8 y 9 de junio es una fecha gloriosa de las luchas populares en nuestro país, ella nos recuerda el heroísmo, valentía, decisión y compromiso por la defensa de los intereses nacionales y la soberanía, la lucha contra el imperialismo, que el movimiento estudiantil ha tenido en una larga trayectoria, que comenzó a comienzos del siglo XX y se mantiene hasta nuestros días


Ya desde la primera década del siglo XX los estudiantes universitarios se movilizaban rechazando las medidas arbitrarias de los gobiernos, y abanderaron con mucha fortaleza la lucha antiimperialista,  pero, es con la influencia del movimiento estudiantil universitario Argentino que desde el Manifiesto de Córdoba en 1919 dio un impulso a las luchas estudiantiles defendiendo la  autonomía Universitaria y por supuesto la reafirmación de un compromiso en la lucha contra la influencia extranjera en los países de América Latina.


En el marco de ese espíritu estudiantes universitarios en la ciudad de Bogotá marcharon el 7 de junio de 1929 rechazando la masacre de las bananeras que había ocurrido en el mes de diciembre de 1928 en la costa atlántica colombiana,  justamente cuando se conocía el nombramiento el general Cortés Vargas  como comandante de la policía de Bogotá, y quien es el responsable de la masacre, en esa movilización muere asesinado por las balas de los militares el estudiante de derecho Gonzalo Bravo Pérez


Posteriormente y conmemorando el 25 aniversario de este asesinato,  de nuevo el movimiento estudiantil se moviliza y en la ciudad de Bogotá se desarrolla una movilización Universitaria,  que es fuertemente reprimida por militares justamente cuando el país iba a conmemorar el primer año de la dictadura de Gustavo Rojas Pinilla, ese día fue asesinado el estudiante Uriel Gutiérrez por las balas de la fuerza publica y al día siguiente los estudiantes de nuevo se movilizaron desde la Universidad Nacional hacia el palacio de Gobierno y cuando la movilización se desplazaba por la carrera séptima, de manera pacífica de nuevo las descargas de balas de la fuerza pública provocaron una masacre asesinando a 11 estudiantes y dejando heridos acerca de 50. 


El movimiento estudiantil ha sido una fuerza decisiva en la movilización popular,  así lo demostraron en la movilización del 10 de mayo de 1957 para exigir la caída de la dictadura militar de Rojas Pinilla,  y también fueron importantes las movilizaciones estudiantiles en la década del 60 y 70 en Solidaridad con el campesinado y el movimiento Cívico que se levantaba en la lucha por la exigencia de mejores condiciones de vida y contra la represión que ya se ejercía fuertemente por parte de la fuerza pública y el gobierno. A comienzo de la década del 70, importantes las movilizaciones del estudiantado colombiano en rechazo a la injerencia extranjera y clerical en la educación,  quizá la más importante del 26 de febrero de 1971 en la Universidad del Valle movilización que terminó con el asesinato de al menos 7 estudiantes.


El estudiantado colombiano ha sido actor importante en la lucha por los derechos y la libertades,  su capacidad de movilización y de lucha le han significado la estigmatización fuertes persecuciones y una oleada de violaciones a los Derechos Humanos incluidas asesinatos, detenciones arbitrarias, desapariciones, tortura, exilio y desplazamiento. Está fuerte persecución, se tradujo en un reflujo del movimiento estudiantil desde mediados de la década del 80 hasta finales  de la primera década del siglo XXI, especialmente durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez y su política de seguridad nacional.


Hacia el 2011 el movimiento estudiantil se recupera,  y surge una nueva generación de dirigentes estudiantiles en la lucha, que rechazaban la reforma a la ley 30/92, la MANE (Movimiento Amplio Nacional Estudiantil), fue la organización que promovió un potente movimiento estudiantil que durante los siguientes años, se convirtió en un importante actor político del estudiantado colombiano promoviendo la defensa de la educación pública y la ampliación de su cobertura. Posteriormente y durante el gobierno de Iván Duque en el año 2018, el movimiento estudiantil universitario,  protagonizó el paro nacional universitario que durante cuatro meses  desplegó una importante capacidad organizativa y de creatividad cultural,  desarrollando nuevas y pacíficas formas de movilización en rechazo a la crisis universitaria, surgida de una clara desfinanciación por parte del gobierno que con claros intereses neoliberales seguía apostando por la privatización de la educación superior.  


Y desde ese momento y hasta el denominado estallido social en el año 2021 los estudiantes fueron protagonistas de unas importantes movilizaciones que culminaron en el denominado “estallido social”,  un levantamiento social  y popular en el que la juventud fue protagonista principal en la movilización sostenida durante varios meses en distintos lugares del país, en rechazo a las violaciones a los Derechos Humanos, la exigencia de la paz, la verdad, justicia, reparación la garantías, no repetición, así como, la denuncia de las desigualdades, la defensa de la educación pública y  la profunda impunidad, mientras se sostenía la corrupción por parte del gobierno de Iván Duque. Esta movilización derivó en la conquista para el movimiento social y popular en el primer gobierno progresista elegido tras un amplio respaldo popular.


En el ejercicio de este gobierno popular se intentaron implementar reformas que las élites sabotearon de distintas maneras combinando todas las formas de bloqueo institucional,  desprestigio a través de los grandes medios de comunicación,  y señalamientos y hostigamientos contra el gobierno y sus principales propuestas de transformación y de cambio que no fueron otra cosa que interpretar el clamor popular de muchos años de movilización social.


Hoy el país está  inmerso en un profundo debate político e ideológico que se disputa la continuidad del proyecto progresista de transformaciones y cambios mientras que las élites intentan con distintas maniobras y prácticas políticas que incluso han apelado a la injerencia extranjera para impedir que el proyecto popular siga avanzando. 


En ese sentido el próximo 21 de junio cuando se realizará la segunda vuelta presidencial, el estudiantado como en muchas otras ocasiones juega un papel decisivo en tanto por su capacidad de movilización,  su capacidad pedagógica y creatividad cultural artística, deben jugársela para impedir que llegue al gobierno, la ultraderecha, que como lo ha promovido en su campaña, tiene el propósito de recortar derechos, desmontar todas las conquistas sociales adquiridas durante el primer gobierno progresista en Colombia, entregar la soberanía nacional y los recursos naturales a los intereses de las empresas transnacionales,  y desatar una nueva oleada guerrerista,  de la cual los jóvenes han sido siempre una de sus víctimas.


Por ello hoy, el llamado es para que la juventud se vuelva a las calles, pero también a las urnas, a respaldar el proyecto encabezado por Iván Cepeda y Aída Quilque para defender la vida,  la constitución política,  la democracia y la paz.  ¡Me la juego por la vida!



Junio 8 de 2026 


domingo, 7 de junio de 2026

Que el miedo al “comunismo”, no nos instale el fascismo

"La hormiga, por odio a la cucaracha, votó por el insecticida. 

Murieron todos, hasta el grillo que se abstuvo de votar". 

Adaptación moderna de la fábula "La cigarra y la hormiga”  

Esopo 620 A.C.


Alfonso Castillo 

Defensor de los derechos humanos. 


Desde hace muchas décadas la acción política en Colombia se ejerce cada vez con mayores niveles de polarización que cada vez ha cambiado de nombre según las circunstancias políticas, en los años 40 y 50 la confrontación entre el partido liberal y el conservador, en las décadas siguientes y con la influencia norteamericana empezó a instalarse el discurso del enemigo interno que prevaleció al menos con toda claridad hasta los años 80 y 90,  posteriormente y por cuenta de las élites empezó a desarrollarse un discurso antiguerrillero, que posteriormente se transformó en una esquizofrenia antiterrorista,  y se señaló con este calificativo a todas las organizaciones sociales y populares que se movilizaban organizadamente en la exigencia de la ampliación de los derechos,  ya en el siglo XXI,  el discurso adoptado por las élites fue el de una amenaza castro-chavista, que continúa instalado  en el libreto de los grandes medios de comunicación al servicio de los intereses de las clases dominantes y que de manera particular para las actuales elecciones presidenciales ha adquirido la connotación de la “amenaza del comunista”.

De esta manera los principales voceros de los grupos económicos y de la clase política tradicional han instalado un dispositivo mediático de odio, estigmatización y falseo de la historia política del país,  atribuyéndole al gobierno progresista de Gustavo Petro que inició en el año 2022 toda la responsabilidad de los males que aquejan al país,  cuando la realidad histórica, indica que muchas de estas problemáticas, han existido en el país durante décadas y particular y especialmente la de la violencia se ha originado en políticas económicas impulsadas por las clases políticas dominantes que fomentaron la pobreza, la exclusión y la desigualdad al mismo tiempo que impusieron la violencia y con ella la impunidad sobre los crímenes cometidos por los representantes de la clase política tradicional.


De esta manera el abandono del campo y de los campesinos,  la pobreza que se perpetuó en la zonas periféricas del país como en los departamentos del Chocó y la Guajira,  e incluso en regiones con importante recursos minero-energéticos como el departamento de Arauca. El modelo excluyente, clasista, clientelista y corrupta de gobierno, forjó una democracia distorsionada,  en el que la participación política estuvo limitada y permeada por esos vicios de la corrupción de la clase política sobre el electorado, que veía en cada elección una oportunidad de “resolver temporalmente” un problema económico.(venta del voto)


Este dispositivo de odio y de miedo,  se alimentó por décadas,  al mismo tiempo el establecimiento de un estado social de derecho, fue  un mero discurso que se usó para disfrazar la garantía de los Derechos sociales mínimos entregados a cuentagotas,  o mediados por una relación clientelar. Y para quienes alzaron la voz para exigir ampliación o fortalecimiento de esos derechos mínimos, siempre hubo represión, violencia, estigmatización y señalándolos, que en muchas ocasiones se tradujeron en pérdida de las libertades políticas, violación a sus derechos fundamentales y también con la práctica de la eliminación física de los opositores políticos como está ampliamente documentado en los informes de la comisión de esclarecimiento de la verdad, o en las cifras de victimas publicadas por la unidad de victimas y recientemente en los relatos construidos por las declaraciones de quienes fomentaron la violencia ante el tribunal de la jurisdicción especial para la paz (JEP).


Así, en las últimas cuatro décadas la lucha política se ha desarrollado en medio de una profunda estigmatización y polarización que cada vez crece más,  las clases dominantes se encargaron de señalar sus opositores políticos,  como proclives a la guerrilla,  igual que se hace hoy, señalando al proyecto progresista, como un proyecto ligado al comunismo. internacional, esta polarización se agudizó después del plebiscito por la paz en octubre del año 2016 e infortunadamente el país quedó profundamente fracturado en la participación político electoral, motivado seguramente por las posturas políticas que se promovieron, una que exaltaba la defensa de las tradiciones, el aumento de la seguridad y la defensa de los privilegios de los más poderosos, de otro lado un sector que demandaba derechos y garantías sociales, la construcción de la paz y la defensa de los Derechos Humanos, en últimas de cuentas, un enfrentamiento aparentemente ideologizado, que en todo caso es la expresión de un país con una población que se mueve entre el miedo inculcado por las élites y el afán de construir una nueva sociedad que permita salir de la desigualdad y construir una democracia sólida. 


De esta manera, las elecciones parlamentarias y presidenciales del año 2026 han estado marcadas por una exacerbación de los discursos de odio promovido por sectores poderosos política y económicamente y alentado por los intereses de potencias extranjeras, ellos en la promoción de un discurso de ultraderecha, que niega derechos, defiende el sometimiento a intereses transnacionales y la pérdida de la soberanía, al tiempo que promueven un discurso guerrerista y de aumento de la seguridad como alternativa única para resolver los problemas del país, seguridad que no es otra cosa que la militarización de la sociedad, la defensa de la creación de grupos de civiles armados que defienden los intereses de los grupos económicos más poderosos y en todo caso permitir que los Estados Unidos nos instale sus dispositivos de seguridad y pérdida de soberanía. Todo esto desde una propuesta “chabacana”, vacía, machista, burlona y vende patria, proclive al fascismo.


De otro lado están los sectores progresistas, democráticos y el movimiento social y popular que apuesta de la reformas sociales que iniciaron con el gobierno, defiende la construcción de la paz a partir del diálogo con los grupos armados para llevarlos a una política de sometimiento a la justicia a cambio determinar con sus negocios criminales, este defiende los Derechos Humanos la inclusión social, combate la misoginia, el clasismo y está fuertemente comprometido en la construcción de la verdad y la memoria histórica.


La elección presidencial del próximo 21 de junio tiene entonces esa gran trascendencia política, y no es poca cosa la que se disputa, o el país elige un gobierno que con errores y todo apuesta por fortalecer el estado social de derecho, la construcción de la paz a partir del diálogo con los actores armados antes que privilegiar más guerra y más dolor al país, lucha contra la corrupción, fortalecimiento del estado antes que entregar a los intereses privados que continuarán lucrando a unos pocos sectores mientras el acceso a nuestros derechos será de acuerdo a las posibilidades económicas.


O nos cruzamos de brazos esperando a que el control del estado retorne a los sectores mafiosos, estrechamente vinculado con los intereses de las transnacionales que quieren seguir saqueando las riquezas naturales, una ultraderecha, que viene a desmontar los mínimos derechos que el pueblo colombiano en la movilización y la lucha ha conquistado, el gobierno de los fuertemente vinculados de las mafias y las élites más corruptas que ven en el estado una fuente de saqueo para aumentar sus riquezas familiares. Será el gobierno el que privilegiará el uso de la fuerza, para contener la lucha de la sociedad por ampliar la democracia y la ampliación de los derechos. Ellos son los que siembran el miedo porque con ello alientan la desesperanza. Crean la violencia y la inseguridad para que la gente en medio del desespero prefiera los discursos autoritarios.


Es el tiempo y la esperanza, de la Juventud y las mejores oportunidades para la educación, es el tiempo de la garantía de los derechos de las diversidades sexuales,  es la oportunidad para seguir defendiendo el medio ambiente y la naturaleza, de seguir luchando por la verdad, la dignidad del pueblo la memoria histórica, la defensa de la soberanía por encima de los intereses de la arrogancia de potencias imperiales. Es la hora del pueblo. Es la oportunidad de derrotar el miedo y elegir desde el criterio propio y el pensamiento crítico. Que no nos pase lo de la fábula.


Bogotá, 6 de junio de 2026


¿Con quién le irá mejor al país?