Alfonso Castillo
Defensor de los Derechos Humanos
El pasado lunes 10 de agosto, el occidente colombiano fue estremecido por un fuerte y prolongado temblor de tierra, que de acuerdo a las mediciones técnicas, tuvo una magnitud de 7,4 en la escala de Richter, situando su epicentro en una población limítrofe entre los departamentos de Chocó y Risaralda, y que alcanzó a sentirse en 12 departamentos del país, incluía la capital de la república, lo grave de este movimiento telúrico, fue su duración, que de acuerdo al relato de algunas personas se prolongó por 3 minutos al juntarse el temblor y su primera réplica y al decir de un afectado entrevistado por un medio radial, “la tierra se columpiaba”, palabras que ilustran un poco cómo se sintió este fenómeno natural en varias regiones del centro y occidente colombiano.
Han transcurrido cinco días desde la tragedia y solo ahora logramos dimensionar la magnitud de la misma, casi 300 personas fallecidas bajo los escombros y un número igual de personas sepultadas en las edificaciones, centenares de heridos, miles de personas damnificadas, como miles de estructuras también gravemente afectadas, daños que incluyen instituciones educativas, hospitales y centros médicos, cárceles, redes de servicios públicos, y muchas entidades públicas.
Esta columna, está dedicada a esas víctimas y expresa la más sincera solidaridad con los familiares de todas estas personas afectadas. También queremos destacar la enorme solidaridad que hemos visto en el pueblo colombiano que se ha volcado a brindar apoyo, para que los sobrevivientes encuentren mejores condiciones para afrontar este difícil momento, decenas de toneladas, de alimentos y víveres recaudados, como también material de primeros auxilios y herramientas han sido movilizadas a los lugares de las tragedias, igualmente, miles de personas especialmente jóvenes, se han volcado a los lugares donde ocurrieron los derrumbes de edificios a tratar de rescatar con vida o los despojos mortales de las personas que allí se encuentran. A ellos y ellas un gran abrazo.
La tragedia, causada por el fenómeno natural, se agrava más, cuando evidenciamos el oportunismo, desparpajo, chabacaneria y desprecio que ha mostrado, el pendejo que se hace llamar presidente de Colombia, que cree que gobernar es un circo. En primer lugar porque no quiso asumir el empalme como se mandata constitucionalmente, y se tuvo que afrontar los primeros momentos vitales de la tragedia en medio de gran improvisación y preocupándose más por el espectáculo que por las necesidades de las víctimas. Y si esto fuese poco, a politizado la ayuda humanitaria, restringiendo el ingreso de rescatistas internacionales, solamente aquellos países que ideológicamente le son afines, mientras, ha despreciado ofertas de otros países que de manera solidaria, han ofrecido esa ayuda experimentada, que de gran utilidad sería para el rescate con vida de las personas que se encontraban bajo los escombros, mientras sus familiares piden ayuda para encontrar sus seres queridos bajo las placas de concreto. Porque con los equipos disponibles, la atención en este aspecto, se ha concentrado en las principales ciudades más afectadas, mientras que poblaciones pequeñas tanto en los departamentos del Valle como en Quindío, Risaralda y Chocó aún siguen esperando ese apoyo especializado.
Y lo que pareciera, es que Rataspriella, aún está en campaña, pero sobre todo, ha dejado muy claro que obedece a los intereses de Israel y los Estados Unidos, no de otra manera se puede entender, que mientras la tierra en Colombia temblaba, el mismo lunes 10 de agosto, el gobierno colombiano reconocía la soberanía de los altos del Golán, un territorio Sirio y que Israel en su afán expansionista invadió militarmente hace muchos años, lo que le ha significado llamados de atención y el rechazo de todos los países del mundo excepto de los Estados Unidos y ahora de Colombia, convirtiéndolo en el segundo país que reconoce este acto de agresión. Lo mismo al reconocer la soberanía de Marruecos sobre Saharaui occidental, desconociendo que en ese territorio hay una disputa. En ambos casos Colombia al emitir estos reconocimientos, no está sino adquiriendo un problema, que además lo ubica como un “país paria” porque es meterse en un problema en el que no tenemos ninguna necesidad de hacerlo.
Pero aún, lo más grave es la vinculación de Colombia a la política militar impuesta por los Estados Unidos en el último periodo en denominado “escudo de las Américas”, que está acompañado de la autorización del gobierno Colombiano, para que se realicen operaciones conjuntas del ejército norteamericano en territorio colombiano, esto sí, en todo caso violando flagrantemente la Constitución y las leyes de nuestro país, que indican que este tipo de autorizaciones deben pasar por la discusión del congreso.
De esta manera, lo que se ratifica es lo que en muchos sectores ha denunciado, a Rataspriella, lo que lo menos le importa es el bienestar del país, viene tal cual como ciudadano norteamericano, a defender los intereses del imperio del norte, o del genocida sionista gobierno Israelí. Todo esto mientras hace cada vez un espectáculo grotesco, como si gobernar fuera una pasarela o un circo.
Más temprano que tarde, el pueblo Colombiano, incluidos muchos que engañados o confundidos, respaldaron la elección de este payaso y saldrán a las calles a impulsar una movilización a exigir la revocatoria de su mandato.
Bogotá, 14 de agosto 2026



