Luis Alfonso Castillo Garzon
Defensor de los Derechos Humanos
Las curules para la paz no se pueden prestar para profundizar el odio y la violencia en Colombia.

Este martes 21 de julio del 2026 circuló a través de las redes sociales una carta firmada por 11 de las 16 curules para la paz (CITREP) a través de las cuales estos representantes brindaban pleno respaldo al gobierno del ilegítimo Abelardo de la Espriella, este hecho, no puede pasar inadvertido para quienes han sido afectados por el conflicto armado, porque precisamente, esta representación de las víctimas en el congreso de la república es un reconocimiento al daño y a la afectación que la guerra causó en los territorios por décadas en Colombia y ellas, son un logro del acuerdo final de paz como un reconocimiento a ese afectación y por tanto está representaciones e deberían ser instrumentos para que se contribuya a la construcción de la paz, a la lucha por el restablecimiento pleno de los derechos de las víctimas del conflicto armado, a verdad, justicia, reparación integral y las garantías de no repetición.
En este sentido, el respaldo a un gobierno que tiene como antecedentes, haber estado estrechamente vinculado, como “facilitador” de actores del conflicto armado en representación de jefes paramilitares, además de haber esgrimido durante la campaña electoral, el anuncio de guerra para enfrentar a los grupos armados y la promoción de un discurso de odio contra los sectores progresistas a quienes ha amenazado de que en su gobierno “serán extirpados”, es alejarse del objetivo y finalidades que tienen las curules especiales de paz, no es cosa distinta que una tremenda incoherencia y la muestra de un profundo oportunismo por parte de estos mal llamado representantes de las víctimas en el congreso.
Este respaldo que 11 representantes de las curules especiales para la paz, pone de nuevo en evidencia que este mecanismo de reconocimiento a las víctimas fue asaltado por clanes políticos regionales, que vieron en esta forma de reparar las víctimas, una oportunidad de prolongar su clientelismo y politiquería e incluso, algunas de ellas, tomadas por políticos y personas con vínculos con el paramilitarismo, y por esa razón como vimos en el primer periodo de las CITREP y veremos ahora, es que a estos politiqueros, lo que menos les interesa, es la lucha por el restablecimiento de los derechos de las víctimas, de las comunidades afectadas por la guerra, y el establecimiento de la paz con la participación de las comunidades en los territorios.
Contrario a lo que se manifiesta en el comunicado en el que brindan este respaldo, puede afirmarse que lo que faltó fue análisis y responsabilidad, frente a lo que implica este complejo momento político para el país, y en cambio demuestra cómo primaron los intereses particulares y el cálculo político, electoral y seguramente burocrático antes que pensar en los intereses de la nación y el territorio que sigue reclamando a diario los espacios que permitan la construcción de la paz, la justicia social y la reparación a las víctimas.
El respaldo de estas curules de paz al nuevo gobierno, se constituye en una traición al acuerdo de paz que las creo y un engaño a miles de víctimas que en los territorios habían confiado en que las curules sirvieran para luchar por el establecimiento de la paz, fomentar el desarrollo territorial, la inversión pública y la construcción de un nuevo ambiente que favorezca el respeto a las diferencias, la democracia y la participación real de las víctimas. Sea esta la oportunidad para que las organizaciones de víctimas y las mismas víctimas, comprenda que a quién se le entregan los avales para la representación de las víctimas, para que no suceda lo que ahora, con este respaldo a un gobierno criminal, representa en favor de la intensificación del conflicto armado, lo cual sin duda alguna, traerá más víctimas, más bombardeos y por supuesto nuevos desplazamientos confinamientos y robo de tierras.
El anuncio del nuevo presidente Abelardo de la Espriella, suscribir un nuevo acuerdo militar para reeditar el plan patriota nos llena a las víctimas del conflicto armado de una gran preocupación porque ya conocemos que esto se traduce en aumento de dolor, tristeza, sufrimiento y vulneraciones a los derechos humanos en el territorio colombiano.
No obstante, la victimas y sus organizaciones, como lo han de mostrado tantas veces, continuaran sus luchas, con la persistencia que otorga la dignidad y la razon.
Bogotá, 25 de julio de 2026.
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