Alfonso Castillo Garzón
Defensor de los Derechos Humanos
Reconocida la pérdida de las elecciones por parte del candidato presidencial Iván Cepeda y Aida Quilcue, han aparecido todo tipo de análisis sobre los resultados y las responsabilidades individuales y colectivas, por no haber podido alcanzar los objetivos propuestos de elegir un segundo gobierno progresista en Colombia. Entre esos balances hay algunos que son hechos con mucha responsabilidad y habrá que tener en cuenta los elementos que se plantean en ellos para que desde los sectores alternativos se hagan Las respectivas evaluaciones y se corrijan lo que eventualmente pudieron ser errores que no permitieron consolidar el proyecto progresista en el país.
Sin embargo, también hay cantidad de “análisis” de opinadores que deposiciones bastante facilistas, hacen observaciones y comentarios que intentan trasladar la responsabilidad a los sectores de izquierda, de haber permitido a Abelardo de la Espriella y lo que seguramente será un mandato de retrocesos democráticos para el país, esos comentarios también involucran al presidente de la república Gustavo Petro.
Sin duda alguna y reconociendo de manera autocrítica los errores que se cometieron fueron muchos, tienen que ver con la estrategia de campaña, con la poca eficacia para comunicar los logros del gobierno con la propia campaña presidencial, también a los estilos personalistas o arrogantes de algunos dirigentes de la campaña, o también como dicen algunos a la falta de transmitir emocionalidad por parte del candidato, Y seguramente todos esos comentarios tienen algo que ver con los resultados.
Sin embargo, también es justo preguntar a algunos de estos “analistas”, que ahora aparecen para buscar culpables por el no triunfo del candidato del progresismo, dónde estaban para contribuir a la difusión de las propuestas, o al menos para apoyar el desarrollo de las actividades de campaña, e incluso para utilizar esas mismas tribunas que hoy usan para hacer balances desde la barrera, porque no denunciaron los riesgos que significaba para la democracia colombiana la candidatura de la ultraderecha pro-fascista.
Hoy resulta fácil encontrar culpables, no obstante es necesario señalar las condiciones en las que adelantamos la campaña electoral, estamos enfrentando la determinación del gobierno norteamericano, que claramente hizo intervención e injerencismo en la campaña, porque no le convenía en sus intereses geoestratégicos que Colombia continuará gobernada por un proyecto progresista, cuando justamente, como parte de la fórmula para salir de la crisis que actualmente atraviesa el gobierno de los Estados Unidos, está centrada en la consolidación del Escudo de las Américas, para seguir saqueando los recursos naturales de América Latina y de paso también liquidar el futuro progresista en Brasil.
También es necesario tener en cuenta que esta es parte de una estrategia del gobierno norteamericano para contrarrestar el avance de la influencia China en América Latina. Hoy el gobierno norteamericano tiene el control político en los gobiernos de Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Paraguay, Panamá, Salvador y Honduras y en ese sentido un gobierno progresista en Colombia resulta siendo una anomalía que hay que corregir, y poder consolidar el avance en La derrota del progresismo en América Latina teniendo claras intenciones de sofocar al gobierno revolucionario en Cuba y luego seguramente también hacerlo con el gobierno popular en Nicaragua sin descartar las pretensiones que pueda tener para desestabilizar el gobierno progresista en México. y Todo lo anterior será necesario incluir de este ejercicio también se desarrolla con la influencia e injerencia del gobierno genocida de Israel, al cual seguramente el gobierno electo de Colombia le brindará todo su apoyo y complicidad.,
Un segundo aspecto que es necesario tener en cuenta es que ciertamente con el apoyo tanto del gobierno norteamericano como de un sector de los empresarios colombianos hubo un fuerte dispositivo económico que por supuesto, no será fácil demostrar, pero desarrolló un plan en muchas regiones del país de compra de votos, esta es una forma tradicional de la política en Colombia pero que en esta ocasión fue elevada a proporciones mucho más grandes. A esto hay que añadir, que hay una determinación también de una parte de las élites políticas colombianas de no permitir que se continúe profundizando el modelo progresista en Colombia. Por miedo pero sobre todo por esa actitud clasista de ese sector de las élites colombianas dar un chance para un segundo gobierno progresista resulta francamente inaceptable.
No puede pasarse por alto, que hay un sistema político y particularmente un sistema electoral fácilmente permeable a la corrupción y en el que tradicionalmente en Colombia la institucionalidad ha saltado las normas de la transparencia electoral y el respeto a la voluntad popular, básicamente porque el sistema está controlado por los mismos politiqueros que necesitan beneficiarse de un sistema atrasado, en el qué parte del proceso electoral, está entregado a manos de empresas transnacionales las cuales no hacen visible para los actores electorales el total de la información que permita las auditorías tecnológicas necesarias.
Un asunto no menos importante que es bueno considerar, es la gran vulnerabilidad del electorado colombiano, tradicionalmente el colombiano es apático a la participación político electoral y en cambio ha estado permeable a todas las formas de corrupción del voto por eso cada proceso electoral está acompañado de múltiples denuncias e incluso las campañas institucionales hablan de salirle al paso a la venta del voto. Esta situación se explica básicamente por una precaria cultura política, que será necesario también empezar a trabajar para los próximos procesos electorales, pero fundamentalmente, debido a una también precaria situación económica que en muchas regiones del país termine haciendo que la gente vea en la participación electoral ana “oportunidad” para conseguir algunos pesos favoreciendo la intención de un determinado candidato.
Por esta razón por supuesto que hay que reconocer autocríticamente que en el desarrollo de la campaña se cometieron errores pero no es justo que intente ahora explicarse los resultados tratando de señalar que lo que faltaba era que el candidato saliera vestido de arlequín bailando salsa choque en una tarima o que hablara trivialidades en sus discursos. Estos comentarios minimizan la grandeza de los resultados, se trata de casi 13 millones de colombianos y colombianas, que apostaron por la defensa de la vida y por una propuesta política que apuntaba a fortalecer la democracia y la ampliación de los derechos sociales, que persistía en la búsqueda de la paz y de la memoria, defendía el medio ambiente y tenía en la perspectiva política un proyecto ético que se centraba en la lucha contra la corrupción y por eso no vale que ahora se plantee que por qué no hicimos alianzas con distintos sectores que nos garantizaran ganar la presidencia, porque no se trataba de ganar a cualquier precio, cuando justamente lo que se promovía era un proyecto distinto alejado de las maquinarias.
A esto hay que sumar una bancada parlamentaria significativa que en últimas de cuentas, representa que hay un crecimiento en el respaldo popular a un proyecto alternativo y progresista, quedarnos en buscar culpables es no ver que este proyecto ha tenido unos crecimientos importantes y ahora el gran desafío es convertir ese crecimiento en una capacidad de movilización organización lucha y resistencia contra un gobierno mafioso y corrupto que de seguro intentará desmontar las conquistas sociales del gobierno de Gustavo Petro, pero sobre todo tratará de imponer un régimen autoritario, antidemocrático y de entrega de la soberanía nacional a intereses extranjeros.
El desafío entonces ahora es como desde los sectores democráticos y progresistas salimos a fortalecer un proyecto organizativo desde la alianza por la vida, que nos permita preparar de manera sistemática, la participación política, para ejercer el derecho a una oposición con argumentos y coherencia política, pero sobre todo, el gran desafío está en organizar el movimiento político o partido, que permita preparar las condiciones para que en las próximas elecciones territoriales del mes de octubre del año 2027 podamos desarrollar un ejercicio democrático, escoger los mejores candidatos y candidatas para participar en dichas elecciones territoriales, también poder consolidar el partido político o movimiento, con las capacidades para desarrollar un potente proceso de pedagogía politica, que permita la formación critica de el pueblo y prepararlo para que esa participación en la política se haga de manera organizada y sistemática.
Bogotá 25 de junio de 2026.
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