miércoles, 17 de junio de 2026

¿Con quién le irá mejor al país?

Alfonso Castillo Garzon

Defensor de los Derechos Humanos


A tan sólo 4 días de la elección presidencial en segunda vuelta, para decidir en cabeza de quién estará el gobierno en los próximos cuatro años y en medio de una profunda polarización política, que no es cosa distinta que la continuidad de una profunda fractura ideológico-política que ha tenido el país durante buena parte del siglo XX y lo corrido del siglo XXI,  y que se profundizó durante la discusión del plebiscito por la paz en octubre el año 2016, a través del cual, el país se puso en la disyuntiva de aprobar o no el acuerdo final de paz ,elaborado en un proceso de negociación entre la extinta guerrilla de las FARC - EP y el gobierno colombiano de Juan Manuel Santos. 


Como parte de esa polarización, el país político discute un asunto que no es de poca monta, se trata de decidir cuál será el rumbo político y social que tendrá Colombia en el próximo cuatrienio.  De un lado la candidatura del defensor de los Derechos Humanos Iván Cepeda que plantea un modelo de continuidad y profundización de las reformas emprendidas durante el primer gobierno progresista de Colombia,  con un programa de que plantea una lucha contra la corrupción, la defensa del medio ambiente, y la persistencia en la búsqueda de la paz,  por supuesto, defendiendo la autonomía y la soberanía nacional.  De otro lado está la candidatura de quien valiéndose de las redes sociales y con un discurso entre mesiánico y delirante, ha apelado a la política como un show y un espectáculo mediático, con mensajes efectistas, que exaltan la continuidad de la guerra,  la entrega de los recursos naturales a intereses extranjeros,  el odio al opositor político, el irrespeto a las identidades culturales, desde un discurso patriarcal, que en todo caso no muestra por ningún lado la decencia en la política.


Así, las dos candidaturas representan proyectos de país distintos,  Iván Cepeda y Aída Quilcué, promueven un proyecto que privilegia la vida que busca superar las desigualdades y las inequidades sociales, económicas y políticas, mientras que de el otro lado, la candidatura exalta los valores proclives a un neofascismo criollo y a un falso discurso para disminuir el tamaño del estado, y lucha frontal contra la delincuencia,  cuando el mismo, tiene entre sus antecedentes en su labor profesional, exaltación de esa delincuencia de la cual se ha lucrado, al punto de hacerlo una persona con mucho poder económico, que da muestras de no tener escrúpulos, tanto que habla de “extirpar a la izquierda”, en un país que por años ha sufrido la estigmatización y el genocidio contra las ideas progresistas y democráticas y que ha costado el genocidio de movimientos políticos como la Unión Patriótica, A luchar y Frente Popular, pero que también se ha extendido a prácticas etnocidas,  con aniquilamiento a comunidades afrodescendientes e indígenas a lo largo y ancho del país, así como, prácticas de violencia política y social contra las comunidades sexualmente diversas e incluso con prácticas instaladas socialmente como el feminicidio.


Lo que se disputa en las elecciones del próximo 21 de junio, es si el país va a mantener un gobierno que piensa en ampliar los derechos de las mayorías, o se gobierna para defender los intereses del proyecto neoliberal, privilegiar las élites y por tanto mantener la violencia y la guerra como método politico, para desde el miedo, seguir gobernando en beneficio de unos pocos.


De esta manera, ante la reiterada pregunta de ciudadanos indecisos o no suficientemente informados, ¿Con quién le irá mejor al país? Es importante tener en cuenta que la respuesta a este interrogante, siempre estará asociada a los intereses de distintos sectores sociales y económicos. Si gobierna el candidato de la ultraderecha, vinculado a intereses extranjeros, nexos con sectores del paramilitarismo y de los grandes grupos económicos, entonces a ellos les irá muy bien, porque seguirá reinando la impunidad, la mentira y la ampliación de privilegios económicos para los grupos más poderosos, esto en detrimento de los derechos y garantías democráticas. Si gobierna un proyecto progresista, encabezado por Iván Cepeda y Aída Quilcué, al país de los colombianos de a pie, al pueblo trabajador, a los campesinos, a los excluidos de siempre, a las mujeres y jóvenes, a niños y niñas, a las diversidades sexuales, a miles de colombianos en situación de discapacidad funcional, a los adultos mayores, a pensionados, a indígenas y comunidades afrocolombianas,  a millones de víctimas del conflicto armado, a todos ellos les irá mejor, porque el progresismo como proyecto político ha luchado históricamente por conquistar y ampliar los derechos para estas mayorías, además de luchar por ampliar las libertades democráticas y políticas, persistir en la construcción de la paz como eje para el desarrollo social, político y económico del país, se continuará trabajando para derrotar la corrupción y la impunidad, al tiempo que se fortalecerá la lucha por la memoria y la verdad histórica.


Este 21 de junio, más allá de pensar de manera individual como me puede ir, con uno u otro tipo de gobierno, es necesario que pensemos  colectivamente en Colombia, en la protección del medio ambiente y de los recursos naturales al servicio del desarrollo nacional, y en este sentido el proyecto progresista que aspira a continuar gobernando y derrotar el proyecto elitista que solo está pensando en mantener privilegios a los más poderosos. Es momento de apropiarnos del mayor espíritu democrático y salir a defender vida, dignidad, justicia y paz.


Bogotá, 17 de junio de 2026



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