Alfonso Castillo Garzón
Defensor de los derechos humanos y constructor de paz.
Muy graves y condenables los actos de violencia inusitada contra la población civil, que se lleva a cabo el pasado fin de semana en el departamento de el Valle del Cauca y el Norte del Cauca, que causó la muerte de al menos 21 personas y dejó decenas de personas heridas entre ellos niños y niñas, además de desatar una zozobra sobre comunidades campesinas, indígenas y afrocolombianas, a los familiares y a esas comunidades expresar desde esta columna un abrazo solidario y el envío de la fortaleza para seguir persistiendo en la construcción de la paz y la convivencia alejada de la violencia.
En los medios de comunicación y en las redes sociales se ha establecido la responsabilidad de grupos armados, que a estas alturas lo que menos importa es saber cómo se denominan, lo verdaderamente importante es poder caracterizar a qué intereses, sirven este tipo de acciones en este justo momento político que vive Colombia
Hoy no resulta muy claro hablar de la responsabilidad de tal o cual disidencia, banda traficante, insurgencia o vociferante discurso guerrerista de ultraderecha nacional o internacional, lo que queda muy claro, es la inquietante coincidencia de unos y otros para promover la violencia, espantar la paz y desestabilizar el proyecto progresista que hoy se disputa en franca lid la continuidad y profundización de las transformaciones y los cambios en favor de los intereses populares.
Los recientes actos de terror en el norte del cauca y en otros lugares del país, parecieran ser la continuidad del recientemente denunciado “proyecto Júpiter”, a través del cual, sectores de la derecha y la ultraderecha colombiana junto con algún sector de empresarios, financian acciones de desestabilización del gobierno de Gustavo Petro con la única pretensión, de desestimular el respaldo creciente que hasta el día de hoy tiene la candidatura de Iván Cepeda a la presidencia de la república, simulando una polarización entre el candidato progresista y Abelardo de la Espriella y con ello dar un aliento a la candidatura de Paloma Valencia, ella sí candidata de la ultraderecha colombiana que promueve justamente la polarización, los discursos de odio, racismo y elitismo, auténtica representante de las élites que por siempre gobernaron desde la exclusión y la violencia.
En todo caso las prácticas políticas de sectores de la derecha y ultraderecha (élites dominantes) que desde hace casi cuatro años se han opuesto a la discusión de las reformas para el cambio social y han saboteado todo intento del gobierno de Gustavo Petro para restablecer derechos vulnerados por la violencia y la salvaje implementación del modelo económico neoliberal. Hoy “curiosamente” las llamada disidencias, han declarado la guerra al gobierno del cambio, pero sus actos de la campaña “es la hora del antimperialismo” afectan a la población y bienes civiles, causando muerte, dolor, en incertidumbre, que para nada es consecuente con la lucha en defensa de los interés populares.
Estos actos propios de grupos de mafio-traquetos, que por mostrar un control territorial, reclutan menores, e imponen acciones de guerra que afectan y vulneran derechos de las comunidades, mujeres y niños, coinciden con las inescrupulosas acciones de la operación Júpiter, que “siembran miedo”, desestabilizan el gobierno, fabrican falsas noticias y eventualmente también alientan y estimulan la violencia, valiéndose de grupos que privilegian el negocio criminal de tráficos ilegales de drogas, armas, oro, entre otros, antes que proteger a las comunidades y la naturaleza.
El discurso de las élites niega el conflicto armado y a millones de sus víctimas, así mismo, mafio-traqueteos, “amparados” en una cada vez más lejana lucha política, niegan los avances y dificultades que el gobierno progresista ha tenido que soportar, cuando las élites pro fascistas negaron “el derecho a gobernar desde un proyecto alternativo”. Así, desde aparentes lugares opuestos, mafio-traqueteos y élites, quieren impedir que el proceso de transformar el país, del lado de la superación de la desigualdad social y económica, tenga la continuidad que las mayorías populares siguen reclamando.
Sin embargo con lo que no cuentan élites guerreristas y corruptas y estas bandas de mafio-traquetos, que se ponen el disfraz de revolucionarios, es que el pueblo colombiano ha iniciado un proceso de profunda transformación social y política, y ha elevado los niveles de resistencia, organización y lucha popular, en un ejercicio de despertar de la conciencia colectiva, qué ha permitido conocer, cuáles son los verdaderos intereses mezquinos de las élites que gobernaron el país por tantos años, y hoy está decidido a derrotar la violencia, la impunidad y la desigualdad ejerciendo un voto consciente decidido y sin miedo, que permitirá el próximo 31 de mayo elegir a Iván Cepeda, como el segundo gobierno del cambio para profundizar las transformaciones que se iniciaron desde el año 2022 en un cumplimiento el mandato popular entregado a Gustavo Petro.
Bogotá, 28 de abril de 2026
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