Una semana para la reflexión por la paz

 Semanario VOZ editorial 1 de abril 2015

abr. 03 Edición impresaEditorial


Reconocemos el aporte que centenares de comunidades religiosas han hecho y hacen todos los días en distintos lugares de nuestro país por poner alto a la guerra, denunciar las injusticias y construir una sociedad más solidaria para todos.
Procesión de semana santa. Foto E Barrera, El Informador.
Procesión de semana santa. Foto E Barrera, El Informador.
Alfonso Castillo
Esta semana, la cristiandad conmemora la que se conoce como la Semana Mayor, con la que se reivindican los sacrificios y la muerte de un Cristo que se puso del lado de los humildes y enfrentó el poderoso imperio romano hace más de dos mil años.
Hoy, esta fecha tiene una connotación particular en el contexto colombiano, dados los importantes desarrollos del proceso de diálogos entre el gobierno y la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), que avanzan en el diseño de un nuevo escenario político para el país, tras 60 años de doloroso conflicto social y armado, que ha sembrado muerte, miseria y desigualdad en campos y ciudades.
El contenido de esta semana debe estar asociado, entonces, a la reflexión de lo que debiera ser el compromiso de cada creyente en la construcción de la paz con justicia social, del fortalecimiento a la demanda para que inicien prontamente los diálogos con el Ejército de Liberación Nacional (ELN) y el Ejército Popular de Liberación (EPL).
De la misma manera, la petición al gobierno de Juan Manuel Santos para suscribir un acuerdo de cese bilateral de hostilidades, así como la suspensión de todo el paquete legislativo incluido en el Plan Nacional de Desarrollo, con el que se niegan los derechos sociales y se profundiza la explotación de los recursos naturales, elementos sin los cuales no se podría hablar de paz y, por lo contrario, se profundizarán los conflictos sociales y económicos del agobiado pueblo colombiano.
Esta semana de reflexión está antecedida del importante anuncio del papa Francisco, a través del cual la jerarquía eclesiástica beatificará a monseñor Óscar Arnulfo Romero, obispo de San Salvador, asesinado hace 35 años por el ejército salvadoreño, justamente por su compromiso con los humildes de ese país. Muerte con la cual se dio inicio a una prolongada guerra civil en ese país centroamericano.
Este reconocimiento al denominado “Santo del pueblo” no es otra cosa que el llamado de la Iglesia Católica a ponerse del lado de la causa de los humildes y consagrar los esfuerzos de las iglesias al logro de una paz que signifique transformaciones reales para las víctimas y para los ciudadanos que anhelan el término de la guerra.
Reconocemos el aporte que centenares de comunidades religiosas han hecho y hacen todos los días en distintos lugares de nuestro país por poner alto a la guerra, denunciar las injusticias y construir una sociedad más solidaria para todos.
Así, esta semana debe ser la oportunidad para que todos los creyentes, las comunidades religiosas, junto con los laicos y no creyentes, juntemos nuestros esfuerzos, voces y plegarias por la paz con justicia social, democracia, verdad, reparación integral y garantías de no repetición, como lo soñamos todos los colombianos, y como seguramente también fue el sueño de Jesucristo hace más de dos mil años.


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