Alfonso Castillo Garzon
Defensor de los Derechos Humanos
Si la memoria no falla, no ha habido en la historia política de Colombia un gobernante más cuestionado que el de Gustavo Petro, al menos no ha sucedido en los últimos 50 años, ni siquiera durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala (quien asumió varios altos cargos en el gobierno e incluso llegó a ser presidente con el solo título de bachiller) durante el cual, las cifras de violaciones a los Derechos Humanos llamaron la atención del mundo entero, tampoco sucedió durante el cuestionado gobierno de Ernesto Samper Pizano quien fuera cuestionado en su momento por el ingreso de dinero de la mafia en su campaña electoral.
Y el cuestionamiento no ha dudado en ningún momento combinar todas las formas posibles de desprestigio, han atacado a su familia, hay una acción sistemática de los medios de comunicación para ridiculizar cada pronunciamiento y acto de gobierno, lo que se suma un desconocimiento de los resultados y acciones realizadas durante este periodo, pero quizás la acción más contundente de este ataque desmedido e inédito, ha venido por parte de la clase política de los sectores tradicionales en representación de los más importantes grupos económicos y de las élites que históricamente han gobernado el país, al unísono los representantes de los partidos tradicionales y de las clases dominantes en el poder político han saboteado las iniciativas legislativas presentadas por el gobierno para materializar las propuestas del programa de gobierno y el Plan Nacional de Desarrollo, ese sabotaje ha consistido en negarse a discutir en el congreso de la república las iniciativas legislativas, al mismo tiempo que han aprovechado los medios de comunicación para realizar un debate propagandístico en contra de tales iniciativas.
Cabe entonces la pregunta, ¿De dónde proviene esta animadversión de las clases políticas tradicionales y las élites contra el presidente Gustavo Petro? Y la principal aunque no la única forma de entender cuál es el origen de este pataleo, se encuentra en que definitivamente por muchos elementos el gobierno progresista de Gustavo Petro representa una ruptura y cambio de rumbo en la forma en que en Colombia se ha hecho política y se ha gobernado. Este odio a Petro se explica en lo fundamental por una actitud clasista, Qué siente que este gobierno desde muchos puntos de vista es un cambio sustancial que pone en peligro los privilegios de las élites, y que en todo caso, puede significar mayor empoderamiento de los sectores populares y de las organizaciones sociales para fortalecer la búsqueda de un país que supere las históricas desigualdades que han creado 200 años de gobiernos de las clases dominantes.
Esta molestia de las élites está asociada igualmente a un problema ideológico, con el gobierno progresista del Gustavo Petro, el país ha tenido la posibilidad de conocer que sí es posible gobernar y desarrollar planes y programas que redunden en bienestar de la más amplia población porque esto es lo que encarna un gobierno progresista, mientras que el gobierno de las élites, busca beneficiar a pequeños grupos políticos y económicos que solo piensan en aumentar sus privilegios y favorecer intereses de empresarios, bancos, gobiernos y empresas extranjeros y en todo caso sacar provecho político y económico para reducidas minorías.
El feroz ataque de las clases dominantes durante los 3 años del gobierno progresista, también tiene sus explicaciones, en el profundo temor que estas élites que han gobernado favoreciendo la corrupción, la impunidad, la violencia, ven amenazada con la búsqueda de la verdad que se devele públicamente todo el entramado criminal que han significado los gobiernos de las élites, aquí se trata en todo caso, del profundo temor que tienen quienes han gobernado el país durante décadas, que el país conozca la verdad, de cómo gobernaron utilizando discursos de odio, mentiras y sembrando guerra, para producir un círculo vicioso que terminaba siempre restringiendo la auténtica y verdadera participación democrática del pueblo, mientras ellos seguían saqueando y ensangrentando el país.
Así, este pataleo de las clases dominantes, que cada vez es más descarado como violento, que ataca a la familia, y a la intimidad, que fabrica mentiras y agrede la moral, que no discute, ni acude a los escenarios democráticos, que incluso apela a la violencia disfrazada de “seguridad”, no son cosa distinta que odio de clase.
Odian a Gustavo Petro, al progresismo, al pueblo y a todo lo que signifique procurar el desmonte de privilegios de las élites y la distribución democrática de la riqueza del país, las clases dominantes oligarcas, Desprecian la democracia así todo el día hablen de ella, Hoy se venden como las ovejas que van a salvar el país de la “catástrofe” en la que lo tiene la izquierda, se valen de los grandes medios de desinformación que son de su propiedad, para crear un relato a través del cual hacen creer que el país está mal gobernado en los últimos tres años, omitiendo por supuesto, las importantes realizaciones del gobierno de Gustavo Petro, para devolver derechos que el neoliberalismo promovido por las élites le quitó a la población más necesitada del país, no mencionan por supuesto, que en el pasado los grupos económicos más poderosos del país gobernaron por décadas, para provocar que el país fuera uno de los más desiguales del mundo y con ello, provocaron una situación de violencia política, que ha sumergido a Colombia en un conflicto armado que ha provocado miles y millones de víctimas.
Sin embargo, asistimos a una nueva época en Colombia, largos años de injusticia, violencia institucional, miedo, e impunidad, han hecho que el pueblo no coma cuento, y que busque alternativas políticas que le permitan al ensayar otras opciones de gobernar, esto es lo que encarna el proyecto progresista del pacto histórico y de los sectores progresistas en Colombia, y es lo que permitirá que el 8 de marzo estos sectores logren la elección de por lo menos 55 senadores y 86 representantes a la cámara y logren el triunfo de Iván Cepeda en la consulta de los sectores alternativos, que permitan en el mes de mayo elegir en primera vuelta a Iván Cepeda para continuar y profundizar los logros del primer gobierno progresista de Colombia.
Ahora bien, es importante que este incipiente despertar de la conciencia del pueblo Colombiano, debe fortalecerse con un proceso organizativo en cada barrio y sector popular, entre los trabajadores, las mujeres, estudiantes, pobladores populares, el campesinado, grupos étnicos y las diversidades sexuales, los territorios, los colombianos en el exterior, y el conjunto de la sociedad. Fortalecer la organización que debe ser el punto de partida, para fortalecer la pedagogía, que le permita a la sociedad colombiana comprender la importancia de la lucha por la profundización de los derechos sociales, la ampliación de la Democracia, la búsqueda de la verdad, la derrota de la corrupción y la impunidad, así como, la defensa de la soberanía.
Bogotá, 27 de enero de 2026

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