Alfonso
Castillo
Defensor de
los Derechos Humanos
No sabe uno si sorprenderse o asumir los
hechos como son y reconocer que el de Iván Duque, es un gobierno de extrema
derecha, corrupto, autoritario y pro-fascista. Y es necesario reconocerlo como
tal y en esa medida poner al movimiento social y Popular en el aviso que le
permita actuar en concordancia con esta caracterización, nada halagüeña en el
escenario de la construcción de la Paz para el país, que se supone es el
momento en el que deberíamos estar después de la firma de los acuerdo de paz
con la guerrilla de las FARC.
Las reiteradas declaraciones del ministro de
defensa Guillermo Botero, en las que se señala sin escrúpulos, que la protesta social
es un escenario financiado por mafias internacionales y grupos armados,
declaraciones no sólo irresponsables sino peligrosas, por cuanto estigmatiza a
quienes participan de la protesta social que entre otras cosas es un derecho
humano y constitucional y hace parte de la esencia de una sociedad democrática.
Pero lo más grave de estas declaraciones es que ellas se hacen en un contexto
político en el que están siendo asesinados líderes y lideresas sociales en
promedio diario de 2 asesinatos en el último mes.
No obstante la gravedad de estos
pronunciamientos por la connotación política que tiene el ministro de la
defensa, encargado de proteger la integridad y la vida de líderes y lideresas
sociales, es importante considerar otros hechos que agravan este panorama y
profundiza la preocupación del movimiento social y popular en relación con la
vida integridad y posibilidades de ejercer el derecho a la protesta en el país.
Las declaraciones nos hacen recordar un “viejo modelo” (permanente) de exterminio
al movimiento social y popular utilizado en nuestro país en la década de los 80
y 90, (el genocidio a la Unión Patriótica, al movimiento sindical entre otros) para contener la protesta social ante el
recrudecimiento de la crisis social económica y política que vivía el país por
aquella época. Antes como ahora la protesta social se impone ante los anuncios
del gobierno de Iván Duque orientados al aumento impuestos a la clase
trabajadora, el recorte de derechos y conquistas sociales y laborales, el
recorte en programas de carácter social, así como el anuncio de importantes
reformas que de conjunto, podrían afectar la calidad de vida de sectores de
trabajadores y ciudadanía empobrecida en Colombia.
Ante este panorama de ausencia de garantías es
necesario agregar lo que podríamos denominar: La tríada antisocial: Águilas negras, falsos positivos judiciales y chuzadas
e interceptaciones legales e ilegales, todas estas, como parte de un plan
dirigido por quienes quisieran que no existiera movimiento social que se
manifieste contra la guerra, las políticas neoliberales, la corrupción o exija
respeto a las garantías para los defensores y defensoras de los Derechos
Humanos, la ampliación de la democracia y la consolidación de la paz.
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No pareciera entonces casual, el actuar impune
de un cuerpo criminal como es el autodenominado Águilas Negras, que lleva varios años amenazando y declarando
objetivo militar a líderes y lideresas sociales, políticos democráticos y de
izquierda, periodistas, críticos de los gobiernos, defensores de los Derechos
Humanos, reclamantes de tierras, etc, en
el listados que suman centenares de activistas y que al mismo tiempo no se
conozcan, combates, ni capturas, ni se logre identificar sus principales
cabecillas, mientras el alto gobierno siga insistiendo que las águilas negras no existen. (Y ya todos
sabemos que cuando el gobierno y las autoridades niegan la existencia de un
fenómeno es porque ahí está presente y tiene una finalidad y propósito
determinado, para que siga existiendo).
Desde hace muchos años la FGN, es un instrumento de la clase política corrupta y paramilitarizada, desde allí se abren procesos judiciales contra opositores políticos, líderes sociales que resultan incómodos o inconvenientes para los intereses del capital o de una clase política, con interés de controlar el poder local y o territorial. Y al mismo tiempo desde la Fiscalía, se cierran o archivan los procesos e investigaciones contra los miembros de esa clase política, que están fuertemente comprometidos con la corrupción, la violencia y el hegemonismo político.
A esta práctica se une a otra acción criminal
desarrollada por el Estado, se trata de las chuzadas “legales” o ilegales, con las cuales desde el gobierno se
ha espiado las conversaciones telefónicas, los correos electrónicos, han
colocado micrófonos en oficinas y viviendas de quienes consideran sus
opositores, entre quienes figuran periodistas, dirigentes políticos, Defensores
de Derechos Humanos, líderes sociales, funcionarios judiciales, entre otros, a quiénes
se interceptan comunicaciones, para ser usadas en los montajes judiciales o
para abrir procesos judiciales amañados a conveniencia de quienes desde el
estado tienen determinados intereses de excluir a estos actores políticos de la
acción Pública.
Hace algunos años, durante el gobierno
autoritario de Álvaro Uribe Vélez, se convirtió el DAS en una oficina de
espionaje, que recogía información de opositores del gobierno, para hacer
montajes judiciales en su contra o cómo ocurrió también, para entregar o vender
información a grupos paramilitares, información que luego, estos grupos la
convertían en amenazas o acciones militares, contra estas personas buscando su exterminio.
Posteriormente, la misma estrategia se siguió
usando a través de “empresas privadas”o fachadas, que trabajan al servicio de cuerpos de
seguridad del Estado, baste recordar el escándalo de la operación Andrómeda,
con la cual se espiaba, desde una campaña presidencial, a quienes estaban
comprometidos en el proceso de diálogo y negociación de la paz en la Habana,
entre otras personalidades del mundo de la política.
Recientemente vuelve a conocerse otro
escándalo de chuzadas, esta vez perpetrado por empresas “satélites” en las que
curiosamente están comprometidos mandos militares y policiales como el general Guatibonza,
que fuera comandante de la policía de
Bogotá, Y seguramente también otros funcionarios del Estado Colombiano, para
recabar información que seguramente se utilizará para desprestigiar a
opositores del gobierno Y seguramente se utilizará para hacer montajes
judiciales o para desarrollar acciones criminales en contra de estos opositores
políticos.
Seguramente el anuncio de las investigaciones “exhaustivas”
sobre este asunto parará en nada y como en ocasiones anteriores, se dilataran
en largos procesos judiciales, en los cuales justamente los operadores
jurídicos, han mostrado poco interés por esclarecer este tipo de hechos y toda
la criminalidad comedia tras ella, quedará en un manto de profunda impunidad.
Es importante considerar que los gobiernos de
derecha y particularmente el actual gobierno de Colombia, comprometido en el
pasado con prácticas criminales, poco interés tiene en que exista un movimiento
social que ejerza el derecho a la protesta, en ese sentido es necesario que el
movimiento democrático en Colombia fortalezca los procesos organizativos,
desarrolle acciones de permanente denuncia sobre las violaciones a los derechos
humanos y elevé su nivel de movilización en las calles, como una alternativa de
visibilizacion a esta problemática y como un mecanismo de exigir ampliación de
las democracia, para ejercer la participación política con plenas garantías
para todos y para todas.
Bogotá, 22 de 0ctubre de 2018.


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