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El miedo por encima de la razón y el sentido común


Alfonso Castillo

  Defensor de los Derechos Humanos

hojasuelta0@gmail.com


El reciente Triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil ratifica la tendencia de elegir gobiernos de ultraderecha en América, igual que está sucediendo en las principales potencias económicas del mundo, con Este triunfo la ultraderecha mundial, retorna al poder tal como había sucedido en Europa de los años veinte y treinta del siglo pasado.

No obstante el triunfo de Bolsonaro, como también lo fue el de Iván Duque en Colombia o el de Donald Trump en Estados Unidos, surge de “procesos electorales democráticos” en los cuales los medios de comunicación controlados mayoritariamente por conglomerados económicos propiedad de amigos o patrocinadores de estos candidatos, jugaron un papel determinante en promocionar discursos en favor de posturas conservadoras, nacionalistas, qué promovían el fortalecimiento de la seguridad y fueron decisivos para tales triunfos, como alternativa única para la “salvación” de las sociedades.

Llama la atención de los arribos de los sectores de ultraderecha al poder político de sus respectivos países, el discurso nada original hay que decirlo, pero que sí ha resultado muy eficaz, ahora como lo fue también en los años 20 y 30 cuando en Europa llegaron al poder gobiernos nacionalistas, fascistas, falangistas y autoritarios.

Lo que va triunfando con esta tendencia es el discurso del miedo y del odio, durante muchos años los medios de comunicación y la clásica política, vinculada a la economía capitalista, construyeron el miedo por lo “social- comunitario”, difamaron y desprestigiaron la nacionalización de la economía y el control Estatal de los recursos naturales, le vendieron a la gente la idea que la izquierda era ineficiente e ineficaz para administrar la economía, se mostró lo alternativo como vinculado al “terrorismo” y en todo caso promovieron la tesis que el desarrollo sólo se logra en economías capitalistas eficientistas, donde la iniciativa privada es lo único válido, la competencia sin regulación es la regla que se impone. La gente se llenó de odio y de miedo a la izquierda. A ese miedo y a ese odio también contribuyeron algunos comportamientos, prácticas y actitudes de gobiernos democráticos y alternativos en algunas ciudades y países en América Latina, que prefirieron hacerle el juego o el “lavado de imagen” al proyecto capitalista neoliberal, en lugar de profundizar las transformaciones sociales, económicas y democráticas que requieren las sociedades latinoamericanas. En muchos casos se despreció el proyecto organizativo y formación política-ideológica, tendiente a garantizar la movilización ciudadana en defensa de los derechos, para terminar imponiendo un modelo de conciliación, asistencial y de cogestión de algunos pequeños o micro-proyectos localizados, que hicieron entrar en disputa por el manejo de pequeños recursos a comunidades y organizaciones, que finalmente se vieron fracturadas o desarticuladas y en últimas de cuentas terminaron por disolverse  el proceso organizativo.

En el triunfo de la ultraderecha, lo que paradójicamente muestra es que muchos años de propaganda mentirosa y engañosa, promovída desde los medios masivos de comunicación, hicieron que finalmente las comunidades más empobrecidas y aún algunos sectores organizados, terminarán eligiendo gobiernos que venían claramente a recortar derechos civiles, sociales, económicos, todo a nombre de rescatar la economía de los respectivos países.


No entendieron las comunidades que respaldaron los proyectos de ultraderecha, que detrás del “rescate de la economía”, estaba básicamente el proyecto de las élites dominantes de salvar o proteger los intereses de los grandes grupos económicos y conglomerados transnacionales de las finanzas y de la especulación económica, que en medio de la crisis capitalista han visto disminuir levemente sus jugosas utilidades y optan por la vía del recorte de gasto social y ajuste económico siempre en contra de sectores populares. Y de trabajadores y la clase media.

Peligroso o preocupante es que la ultraderecha desde el poder continuará alentando el odio y con ello promoverá su discurso de la seguridad, con la que justifican el aumento del gasto militar y el fortalecimiento del pie de fuerza, para el desarrollo de esta estrategia, se valen de las “fake news” a través de redes sociales, cómo recientemente ha sucedido en Colombia, a través del impulso de noticias del robo de niños y niñas y aún de los falsos secuestros niños, o convertir el derecho a la protesta en actos de vandalismo o terrorismo, con lo cual ganan respaldo ciudadano a la idea de la militarización y aún apelar a la intervención militar, sea para contener la protesta social o sea para agredir a otros estados que le son incómodos o contrarios a sus intereses económicos.

Socialmente los gobiernos de ultraderecha llevarán a las sociedades a estadios de desarrollo cultural y social que parecían haber sido superados, el miedo no es otro entonces, que se alienten prácticas, xenofobicas, sexistas, segregadora o discriminatorias, racistas, excluyentes y “justificatorias” del uso de la violencia contra grupos sociales en particulares, mientras los gobernantes, usan la fuerza y la represión y la “justicia” contra grupos y sectores sociales y políticamente incómodos.

El riesgo de la continuidad de gobiernos de ultraderecha en el poder, es su capacidad de apropiar consignas y discursos tradicionalmente promovidos por sectores de izquierda, hoy es fácil escuchar a sectores de ultraderecha hablar de derechos sociales, del derecho al trabajo y al mejor salario, de proteger la economía y al medio ambiente, son capaces de vender la idea del recorte de derechos para proteger a los más vulnerables y pobres, hablan de garantías políticas y seguridad jurídica, de flexibilización, del aumento del empleo, todo ello para conservar los privilegios para los grupos económicos más poderosos.

Estás entre otras razones son las que obligan a sectores democráticos e izquierda, a tomar lecciones sobre los errores y aciertos en el ejercicio del poder político, pero sobre todo dar un nuevo impulso a los procesos organizativos, de formación ideológica, para permitir a sectores y comunidades empoderarse del papel que juegan a la hora de impulsar y defender transformaciones sociales políticas y económicas que se requieren para impulsar el desarrollo social, la inconclusión política, construcción de paz con justicia social y desarrollo de la democracia plena.

El futuro mediato es promisorio, en tanto se recorten derechos sociales en favor del neoliberalismo, ello se va a traducir en precarización de la sociedad, lo cual debe permitir a la izquierda y a los sectores democráticos, buscar salidas a partir de la respuesta organizada, la movilización planificada y sistemática, en la que la agenda política esté a la orden del día y no continúa escondiéndose, como sucedió durante muchos años en el marco de gobiernos alternativos.

Bogotá, 8 de noviembre de 2018




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