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….QUE RENUNCIAS NO OCULTEN, URGENTE DEPURACIÓN!
De nuevo los medios de
comunicación, han desatado un show mediático, derivado de nuevos hechos del ya
viejo escándalo de la denominada “Comunidad del Anillo”, que compromete a
integrantes de la oficialidad de la Policía Nacional, en prácticas de abuso de
autoridad; proxenetismo, trata de blancas y tráfico de influencias. Este show,
ha sido también la oportunidad para que los grandes medios de comunicación
dejen al descubierto su talante mórbido
para tratar la noticia, e incluso en algunos casos su homofobia, para
estigmatizar y trasgredir el derecho a la intimidad y libertad sexual de las personas.
Sin embargo la hipocresía de
algunos de esos medios de comunicación, sensacionalistas, que hacer todo este
escándalo, cuando guardaron silencio “casi cómplice”, en casos en que la misma
institución ha estado envuelta en prácticas de Narco-tráfico, redes de
corrupción y delincuencia organizada, paramilitarismo, abuso de poder,
asesinatos y autoritarismo y brutalidad policial en el tratamiento a la
protesta social.
El escándalo de la denominada
“Comunidad del anillo”, reprochable no
por la inclinación sexual de sus intervinientes, sino por tratarse de una
práctica delincuencial en la que se usaba la cadena de mando para chantajear, a
otros miembros de la institución; en el caso de ascensos y tal vez otras
actuaciones criminales, escandalos que en casi todas las ocaciones, involucra a oficiales de alta gradación que llevan en sus insignias muchos soles.
Sin embargo, hoy la reflexión
debe ir más allá de aceptar la renuncia, de aquellos que
participaron en este episodio, que contribuye al desprestigio de la institución
policial, abriendo la discusión nacional del papel que juega la policía en el
denominado post acuerdo, para la construcción de la paz duradera y estable, de
la que tanto se ufana el gobierno santos.
Se requiere con urgencia, a
propósito de la transición política que el país quiere vivir, por los
desarrollos en los diálogos de paz, que la Policía Nacional se revindique y
esclarezca con la verdad, toda su actividad delictiva, basta recordar casos
como el del General Santoyo, implicado en crímenes de desaparición forzada y hoy extraditado por narcotráfico a
los Estados Unidos, además de tener nexos con el paramilitarismo.
Igualmente es necesario recordar,
en el mes de abril de 2015, fueron retiradas
una treintena de oficiales, después de rumores de escándalo de
corrupción. O las también los conocidos casos de corrupción en la policía de tránsito, o la reciente descubierta y desmontada red de policías de
Bogotá, implicados en Micro-narcotráfico. Y como se ha señalado en muchos
escenarios el problema de la policía, es su complicidad con la delincuencia, de
lo cual dan cuenta decenas de noticias sobre
estas prácticas en la prensa nacional.
Pero el problema más complicado
de todos estos escándalos, a los que se suman otros, en otras esferas
del estado y del gobierno, es el
tremendo desprestigio y desazón que causa en la ciudadanía, máxime cuando el
país tiene algunas expectativas frente a la terminación del conflicto armado.
Esta crisis, debe ser la
oportunidad para debatir el papel de la policía en el post acuerdo, y para ese
debate será necesario considerar una depuración a fondo de la Policía Nacional,
y la restructuración de la institución, que debe ser un cuerpo de naturaleza
civil, bajo la dirección del Ministerio del Interior, no sin antes
esclarecer y juzgar a toda esa criminalidad responsable de
asesinatos, brutalidad policial, corrupción, narcotráfico y proxenetismo que
hoy la tiene en el peor nivel de
desprestigio.
Bogota, 18 de febrero de 2016

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