Por: Alfonso
Castillo
Defensor de
Derechos Humanos
hojasuelta0@gmail.com
Quiénes durante la
campaña presidencial tenían la preocupación por la llegada de Iván Duque al
gobierno, porque éste podría significar un retroceso en materia de Paz y
Derechos Humanos para el país, hoy pueden decir sin lugar a equívocos, que
tenían razón, y no es porque el gobierno de Juan Manuel Santos fuera alguna
garantía para la democracia, la justicia o la construcción de paz, sino porque
detrás del gobierno Uriduque, se atrinchera la ultraderecha guerrerista,
corrupta y excluyente, que en el inmediato pasado ha mostrado toda su capacidad
para llevar el país por la senda de la guerra y el aumento de la miseria para
las mayorías nacionales.
Durante los cuatro
meses transcurridos del gobierno Uriduque, se han puesto suficientes evidencias
en el escenario político para confirmar la preocupación que existía antes de su
elección y sobre todo para que desde distintos sectores políticos, sociales, de
derechos humanos y de víctimas se prendan las alarmas, para advertir que el
gobierno y sus políticas, son un factor de riesgo para la paz, la democracia y
los derechos humanos en Colombia y en la región. Desde ya, son evidentes los
retrocesos en el enfoque de derechos, en la prevención y protección de la
vulneración de los derechos humanos y particularmente el derecho a la
integridad y la vida, tanto de defensores, como de líderes y lideresas sociales,
y para ex combatientes de la guerrilla, a lo largo y ancho del territorio nacional,
particularmente de quienes se la han jugado en la construcción de la paz
duradera y estable, todo lo cual va en contravía de lo esperado con la firma
del acuerdo de paz, firmado hace ya dos años entre el gobierno nacional y la
guerrilla de las FARC.
Sobran entonces las
razones para afirmar que en cuanto a derechos humanos, el panorama de los
próximos años será sombrío, vale la pena mencionar los siguientes aspectos que
vistos de conjunto, permiten justificar la prevención y la preocupación, por un
gobierno que anuncia desmonte derechos sociales, políticos y económicos y ha
privilegiado enfoques de seguridad, que para nada son consecuentes con la
edificación de La Paz
Entre los elementos
que se presentan en estos pocos meses de gobierno de la ultraderecha
mencionamos los siguientes:
Un primer elemento
de preocupación es sin duda, el aumento de los crímenes y amenazas cometidos
contra líderes sociales, defensores de los derechos humanos y constructores de
paz, así como personas desmovilizadas de la guerrilla. Estos crímenes que
vienen en aumento durante los primeros cuatro meses del gobierno Uriduque, no
han tenido una respuesta eficaz de rechazo por parte del gobierno, ni mucho
menos el impulso de una política para esclarecer las causas de esta
criminalidad y por el contrario, el propio ministro de defensa varias veces ha
hecho referencias que criminalizan los líderes sociales, al señalar que estos
tienen vínculos con grupos ilegales o del narcotráfico. Lo que se puede leer
claramente es que durante estos meses de gobierno hay una clara estigmatización
a la protesta social, que pone en grave riesgo la situación de líderes y
lideresas sociales.
No menos
preocupante es la intención que ha mostrado el gobierno, de impulsar reformas
que van en contravía de lo pactado en la Habana con la guerrilla de las FARC,
que se constituyen en un claro incumplimiento de lo pactado, pero sobre todo
preocupa, que en el parlamento se han presentado iniciativas que fortalecen el
presupuesto del ministerio de defensa y al mismo tiempo disminuyen la
asignación de recursos para la unidad de víctimas, la unidad de restitución de
tierras, para el enfoque de desarrollo rural, para la propia justicia, la
unidad de protección y para los programas restitución de cultivos, de todos
estos desarrollos legislativos el que más llama la atención son las
modificaciones a la Justicia Especial para la Paz, dónde en la práctica se ha
desmontado lo acordado en la Habana y se ha privilegiado el favorecimiento de
la impunidad y sobre todo se ha negado la posibilidad para que las víctimas de
crímenes cometidos por agentes estatales, puedan garantizar su derecho a la
justicia, y por el contrario lo que se augura es una gran coladero de
criminales, como por ejemplo los responsables de los falsos positivos, que
acuden a esta instancia para buscar beneficios en materia de justicia, aun
negándose a contar la verdad de lo sucedido.
Durante el gobierno
de Uriduque, se ha regresado a una época en la que no se habla, ni de conflicto
armado y mucho menos se habla de paz, como un compromiso gubernamental de
participar activamente en su construcción, por el contrario hay un aumento de
la militarización, donde antes existía una presencia de las FARC, y ahora hay
un fortalecimiento de grupos armados que giran alrededor del negocio del
narcotráfico, el paramilitarismo y las mal denominadas disidencias de las FARC,
según denuncian distintas comunidades.
No menos
preocupante son las señales que ha dado el gobierno Duque para congelar y
desmontar la mesa de diálogos con el Ejército de Liberación Nacional, lo cual,
en todo caso significaría un retroceso y un eventual agravamiento del conflicto
armado en nuestro país.
Transcurridos 4
meses del gobierno Uribe que no es claro un plan del gobierno para el desmonte
estructuras criminales del paramilitarismo, petición del movimiento social
popular y democrático del país desde hace muchísimos años.
También preocupa el
desprecio que el nuevo gobierno ha dado los temas de participación de distintos
sectores de la sociedad civil en la construcción y diseño de políticas públicas
de Derechos Humanos, prevención de la violencia, desmonte el paramilitarismo,
el gobierno ha privilegiado la creación de nuevos escenarios y desconocer los
avances en gobiernos anteriores en materia de construcción de política pública
de paz y Derechos Humanos.
Distintas voces de
funcionarios altos del gobierno han insistido en estigmatizar la protesta social,
pero más aún, han hecho claras manifestaciones contra lo que se había
reconocido como un avance en los diálogos de Paz, por ejemplo el enfoque de
géneros y por el contrario hemos visto cómo se promueve y se patrocina desde el
gobierno creación de un ministerio de la familia, con un enfoque moralista que
nada contribuye a crear para el país un ambiente de convivencia y respeto de
las diferencias. En el mismo sentido hay una acción de los grandes medios de desinformación
orientado a deslegitimar y descalificar la protesta social.
No deja de ser
preocupante en el panorama de persecución y estigmatización a los líderes
sociales y defensores de Derechos Humanos, que como según lo reconoce el propio
programa de protección, existe una latente situación de riesgo dada la
persistencia de la guerra en algunos territorios donde hay presencia de
transnacionales que explotan los recursos naturales, al mismo tiempo que una
fuerte militarización y presencia de grupos paramilitares, así como unas
disidencias que han sido magnificadas por el gobierno y la gran prensa. Ante este
escenario el gobierno anuncia unas modificaciones del programa de protección,
que entre otras cosas, no contó con la consulta de las comunidades y
organización que han participado del diseño de política pública de prevención y
protección a los y las defensoras y organizaciones sociales, estas
modificaciones se orientan a trasladar responsabilidades de protección a nuevas
instancias, pero sobretodo no le da importancia al tema de la prevención del
riesgo.
No menos importante,
es el grave problema de la corrupción que se ha evidenciado durante estos pocos
meses y que en este periodo se ha puesto de relieve con el mayor escándalo de
corrupción de la historia del país, como lo es los sobornos de la multinacional
Odebrecht, la cual tiene involucrado entre uno de sus principales protagonistas
al actual Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, que proviene
de las todas Uribistas, quien en su momento fuera abogado del emporio económico
liderado por Sarmiento Ángulo. El problema como lo ha conocido el país, es que
tras este escándalo no pareciera haber ninguna intención ni del gobierno, ni de
la justicia, para atacar a los responsables y por el contrario buscar “chivos
expiatorios” que distraigan la atención de la opinión pública. Una sola cosa
queda clara la corrupción es parte de la esencia de la clase política
colombiana, y el gobierno Uribe que no tiene los elementos para enfrentarlo
porque justamente sus integrantes están fuertemente comprometidos con otros
actos de corrupción, que como sucede en el país han quedado en la más completa
impunidad.
No obstante este
panorama desalentador, la labor del movimiento social y de Derechos Humanos,
así como de las organizaciones de víctimas, es seguir insistiendo en la
necesidad de crear escenarios que favorezcan la construcción de paz y el
desarrollo de la democracia en el país, un elemento importante en esta vida
debe ser, seguir fortaleciendo los procesos de movilización, como los que en los
últimos meses han mostrado los estudiantes, defendiendo el derecho a la
educación pública, gratuita, de buena calidad y a cargo del estado.
En esa misma vía,
es importante que los sectores democráticos y alternativos sigan fortaleciendo
los procesos de unidad que permitan una mejor articulación de la movilización y
la lucha y particularmente en el segundo semestre del 2019 una participación
unitaria en las elecciones territoriales, que permita la elección en alcaldías
y gobernaciones de hombres y mujeres comprometidos con los procesos de la Paz,
los derechos sociales, la lucha contra la impunidad, y las transformaciones
democráticas en favor de las amplias mayorías.
Bogotá, 17
diciembre de 2018



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