Por Alfonso castillo
hojasuelta0@gmail.com
Defensor de derechos humanos
Capitalismo, pobreza, violencia,
corrupción,
indiferencia, injusticia,
Males nuestros de cada día
Desde finales del 2019 del mundo
empezó a escuchar de un modo u virus que afecta la vida de las personas hasta
llevarlos a una pronta y angustiosa muerte, con origen establecido en la
provincia china sin que se haya podido determinar la causa de la enfermedad
como es la humanidad ha venido asistiendo a la propagación trompas de la
enfermedad llamada COVID 19 mejor conocida como coronavirus.
Y es que no se trata de una
“gripita” como de manera peyorativa la denominaron los patanes gobernantes Jair
Bolsonoro y Donald trump. Se trata de una grave enfermedad respiratoria de
fácil propagación y que hasta la fecha no tiene vacunas que la prevenga y como
el virus tiene una alta tasa de contagio de manera que un portador del virus
puede transmitir la enfermedad con sólo hablar o con el solo contacto de
objetos que éste haya tocado.
Así, en cuatro meses de pandemia
han sido infectadas hasta el 1° de mayo 3.214.256 personas y habían fallecido
232.570 personas en el mundo según cifras de la Organización Mundial de la Salud
OMS, logrando paralizar la vida social y económica a escala planetaria.
Es por esto, que las medidas
adoptadas por muchos países de declarar el aislamiento social o confinamiento,
para ayudar a evitar la propagación del virus y preparar el sistema
hospitalario para mejorar las condiciones de atención y tratamiento con mayor
cobertura, es una medida, que a pesar de los costos económicos debe mantenerse.
La cuestión con esta medida preventiva es su alto costo social, económico y aun
psicológico, sin embargo, hay que adoptarla, si se quiere proteger la humanidad
de un daño mayor. El aislamiento exige suspender toda actividad social y
ponerse en plan de autocuidado en un lugar no expuesto al contacto con personas
que circulan en escenarios de riesgo de contagio.
Es claro que la afectación de la
economía no tiene punto de comparación con ningún momento la historia, los
precios del petróleo han caído a cifras irrisorias, el desempleo ha crecido
exponencialmente y han aflorado todas las debilidades del decadente sistema
capitalista y su criminal modelo
neoliberal, que con su afán de lucro
incesante, promueve la inequidad, la injusticia social, la violencia y la
desigualdad, arremete con los derechos humanos y de los trabajadores y depreda
el medio ambiente, destruyendo al ser humano silenciosamente.
El impacto por contagiados y
muertos por el coronavirus es alto y puede aumentar considerablemente si se
privilegia la economía, en lugar de cuidar la salud y la vida, esto teniendo en
cuenta la manera fácil con la que se propaga el mal.
Esta situación nos recuerda la
fragilidad humana y las crisis generadas por otras pandemias: Como la llamada
“gripa española” que entre 1918 y 1920 contagio cerca de 500 millones de
personas y provocó la muerte de aproximadamente 100 millones de personas en el mundo,
la II Guerra Mundial (1939 - 1945)
provocó la muerte de no menos de 100 millones de personas, en 2019, 113
millones de personas murieron de hambre en el mundo afectando especialmente a
niños y niñas en los países económicamente pobres, cada año mueren asesinadas
por violencia de genero más de 50.000 mujeres en el mundo, la mayoría de ellas
provocadas por su pareja sentimental o un familiar. Y la persistente presencia
de la malaria, que cada año registra más de 200 millones de personas
contagiadas el mundo, y sigue matando un promedio anual de 450.000 personas
especialmente niños menores de 5 años, esto a pesar que la enfermedad se
previene, si se provee a las comunidades de agua potable, y la vacuna para la
enferme ya existe. También recordar el
virus del Ebola en el año 2014, el AHN1 entre 2009 y 2010 y el virus del dengue
en 2019, enfermedades estas que como plagas matan a miles de personas que
mueren cada año por estas plagas. Sin duda alguna estas cifras son
escalofriantes e invitan a pensar hasta qué punto el afán de enriquecimiento,
la violencia y el daño sobre el medio ambiente, son las causantes de este
panorama de desigualdad y muerte en el mundo, panorama del que sin duda alguna
Colombia no es la excepción, porque en nuestro territorio cohabitan todos estos
males, en medio de un panorama de ausencia de políticas públicas, violencia,
impunidad y desgobierno.
Colombia, como parte del
miserable y violento sistema capitalista y el modelo neoliberal, es escenario
de plagas iguales y aún peores que el COVID 19, que a la fecha del 1° de mayo
había contagiado a 7.006 personas y causó la muerte a 314. Estas cifras que
pareciendo bajas, están lejos del fin de la etapa de contención y se pueden
aumentar con la medida irresponsable del Presidente Iván Duque de autorizar el
retorno en la actividad productiva para algunos sectores de la economía, lo
cual sin duda va a repercutir en el aumento de personas contagiadas y
fallecidas, porque no están dadas las condiciones que garanticen la
bioseguridad de quienes retornan a actividad laboral, ni en el transporte
público, ni en sus lugares de trabajo. Colombia, es el nicho de otras pandemias
que permanecen silenciosamente desde hace muchos años en la sociedad y son de
alta letalidad, provocan desigualdad y agravan la pobreza, y generan miles de
muertes cada año entre esas plagas están las siguientes:
- La violencia socio
política, durante varias décadas el país ha estado asolado por una guerra
civil 1948 – 2020 con profundas motivaciones económicas y políticas, que
ha provocado millones de víctimas ( más de 9.000.000 a la fecha son víctimas
directas) miles de hectáreas de tierras que entraña mucha riqueza han sido
despojadas a pueblos indígenas, comunidades afrodescendientes y a
campesinos, (más de 6 millones de hectáreas) este despojo, ha sido
promovido por terratenientes, políticos, empresas nacionales y
transnacionales y mafias, esta guerra ha logrado provocar personas
desplazadas, desaparecidos, torturados, mutiladas, forzadas a exiliarse,
reclutadas forzosamente, violadas, las cuales a pesar de la existencia de
una ley para su reparación (1448/11) reparación integral en su gran
mayoría no lo han sido, principalmente por falta de voluntad política del
estado.
La violencia socio política ha dejado en claro, que el
estado colombiano es el responsable de una parte importante de toda esta
criminalidad, a partir del impulso de la política denominada “enemigo Interno”,
con la cual las fuerzas militares y el aparato judicial, combatieron a
ciudadanos bajo la presunción de considerarlos agentes del comunismo, y por
tanto, objeto de persecución por “ser un peligro para el estado”. Bajo esta
filosofía militares y policías, han actuado está limitando sus funciones y violando
los derechos humanos, cometido crímenes como la desaparición forzada, la
tortura amenazas, falsos positivos, abuso de autoridad, entre otros crímenes
que permanecen en la más profunda impunidad.
En estos últimos años, Colombia asistió a un proceso de paz
entre el gobierno y la guerrilla de las FARC, que pretendía poner fin a una
parte importante de esta violencia, este proceso culminó en el año 2016 con un
acuerdo sobre aspectos del desarrollo rural, la participación política, drogas
de uso lícito, derechos de las víctimas y garantías de reincorporación y no
repetición. sin embargo, tres años después de implementación, buena parte del
acuerdo no se ha implementado, entre otras cosas porque una parte del estado
colombiano, entre otras cosas porque una parte de la clase política que dirige
el país sigue negando la existencia del conflicto armado y consecuente con
esto, ha desatado una guerra contra los acuerdos de paz y su implementación.
De los asuntos más evidentes que explican el desarrollo del
de la “política de hacer trizas los acuerdos” son: La persistencia del
paramilitarismo y la negativa del gobierno a desmontarlo, la continuidad del
despojo de tierras a comunidades y campesinos y un proceso de restitución y
retornos, que son un completo fracaso, se mantiene intacta la política del
“enemigo interno” por parte de las fuerzas militares y la violación a los
derechos humanos, son una constante en el accionar de la fuerza pública y de la
policía, así, se evidencia con la forma en que proceden cuerpos armados como el
escuadrón móvil antidisturbios ESMAD que en cada acción, cometen abusos de
autoridad, y mantienen el uso de armas letales provocando heridas, graves
afectaciones a la integridad y algunas veces dar muerte a manifestantes que
reclaman derechos constitucionales.
Quizá el asunto más grave del incumplimiento del acuerdo de
paz, es el creciente número de líderes y lideresas sociales asesinados en
regiones afectadas históricamente por el conflicto armado, desde la firma del
acuerdo de paz han sido asesinadas 387 defensores de los derechos humanos y
constructores de paz hasta la última semana de abril, siendo el caudada uno de
los departamentos más afectados según cifras de INDEPAZ , estos asesinatos
permanecen aún en tiempos de cuarentena siendo asesinadas 16 líderes y
lideresas en varias regiones del país. También están siendo asesinados ex
combatientes de las FARC, alcanzando la vergonzosa cifra de 194 ex combatientes
de muertos.
De conjunto, el país sigue sumergido en un conflicto social
y político que provoca muertes, genera injusticias, desigualdades y en todo
caso, ausencia del estado, que sólo se limita a hacer presencia militar en los
territorios, también permanece una alta impunidad y persiste la violación a los
derechos humanos, así como la negativa de muchos responsables de la violencia a
reconocer la verdad histórica. Todas estas plagas son las que dificultan la
construcción de la paz duradera y estable en Colombia.
- Corrupción e impunidad, estas dos plagas hacen parte de la forma en que buena parte de la clase dirigente del país, hace política desde hace muchas décadas, estableciendo clientelas que la respaldan electoralmente cada vez, para ganar espacios legislativos, judiciales y de gobierno y desde allí, legislar, “gobernar” y facilitar el saqueo de los recursos públicos en favor de intereses personales y familiares, aumentando sus fortunas y el poder, lo que ayuda a dar continuidad a este círculo vicioso. De esta manera las denuncias sobre corrupción a la clase política, se quedan en escándalos mediáticos fugaces, que sólo duran hasta el siguiente y bochornoso hecho de corrupción. En nuestra historia reciente Foncolpuertos, Reficar, Ruta del sol, Hidroituango, Odebercht, el cartel de la Toga, el cartel de la Homofilia, las EPS, Agro Ingreso Seguro, los Programas de Alimentación Escolar (PAE), la Yidis política, el proceso 8000, y más recientemente el escándalo de la Neñe política, que denuncia la entrada de dineros del narcotráfico a la campaña presidencial de Iván Duque, todos estos escándalos son parte de una larga lista en la que se reitera una y otra vez cómo la clase política se apropia impunemente de los recursos públicos, destinados al desarrollo social, económico y cultural de los colombianos, mientras ellos siguen disfrutando de la tranquilidad y complacencia de los entes de control que no los sanciona porque también están controlados por ellos.
Durante la crisis del coronavirus, las cosas no podían ser
de otra forma, la clase política hace fiestas con los dineros públicos, durante
estos días hemos escuchado a través de los medios de comunicación cómo
funcionarios públicos, han firmado jugosos contratos con elevado sobre costos,
para la compra de mercados, muchos de los cuales no llegan a los más
necesitados, pero también se hacen denuncias de contratos para conciertos en
tiempos de cuarentena, de pedagogía virtual de prevención de contagio, en zonas
donde no hay cobertura de internet como en el chocó, se aprovechan los
políticos para sacar jugosas tajadas en la compra de equipos médicos,
hospitalarios, en la muy anunciada y no
vista de compra de test para masificar la toma de muestras de contagio a la
población, contratos para la compra de implementos de aseo y de bioseguridad,
contratación para la adecuación de infraestructura. Se roban todo lo que está a
su alcance, saben que, si se investigación, terminan por dejar pasar el hecho,
no castigar y en todo caso, sin obligar a devolver un peso de lo robado.
El Presidente Iván Duque los ha llamado a los corruptos
“Ratas de alcantarilla”, pero más allá de eso y del show, no ha trascendido en
ninguna condena o sanción política para funcionarios que, aun siendo parte de
su control, permanecen en sus cargos como si nada, como sucede con denuncias de
medios de comunicación sobre Ministerios y entidades de carácter nacional. La
Contraloría, así como la fiscalía General y la procuraduría han anunciado
investigaciones, pero como en el pasado, éstas se quedarán traspapeladas, y los
corruptos seguirán actuando a sus anchas y en el peor de los casos, algún
familiar suyo o una persona que a nombre suyo seguirá asaltando los recursos
públicos.
Así las cosas, con el descaro que hemos visto en esta
crisis de la pandemia, podemos asegurar que corrupción e impunidad de nuestros
gobernantes, serán plagas con las que tendremos que vivir por muchos años más.
- Una plaga no menos grave, está anclada en nuestra “cultura” o al menos es lo que se dice para justificar una práctica inaceptable y frente a la cual la sociedad tendrá que hacer muchos esfuerzos para lograr su extirpación, el patriarcalismo, a través del cual se han agredido, segregado, negado derechos y aun violado y asesinado a miles de mujeres en nuestro país. Esta práctica machista que sutil o abiertamente, es la generadora de múltiples violencias contra las mujeres, la cual se ejerce de varias formas: Física, psicológica, sexual, económica y social, está instalada en las mentalidades de la sociedad llegando al punto de normalizar y naturalizar las discriminaciones y las violaciones contra las mujeres. Es urgente que, desde la institucionalidad, la sociedad y los individuos se hagan mayores esfuerzos para superar lo que cada día se ha convertido en una práctica criminal en nuestro país.
Las denominadas violencias de género, agreden cada año en
nuestro país a miles de mujeres e incluso se extiende hasta el ejercicio de
violencia contra personas diversas sexualmente y aún son alarmantes las cifras
de violencia contra niñas menores de cinco años y adultos mayores, en lo que se
denomina la violencia intrafamiliar. Esta violencia es mayoritariamente
ejercida por el hombre adulto de la casa, que a partir de la falsa creencia que
es él quien determina la autoridad y el poder, al que nada se le puede
cuestionar o contradecir y que, de hacerse, éste se cree con el “derecho” de
violentar a las mujeres y otros (autoritarismo) miembros del hogar.
En Colombia, existe el patriarcalismo y se desarrolla desde
las leyes, los actos de gobierno y aun en la justicia, en la escuela, en el
hogar y aunque hay avances en la superación de estas prácticas y la sociedad
colombiana lejos está de superar la discriminación y violencia contra las
mujeres y las diversidades sexuales.
Las cifras de violencia contra las mujeres causan
preocupación y dan cuenta de la falta de eficacia de las políticas públicas
para prevenirla y de la incapacidad en la justicia para sancionarla. Cada año
en Colombia según denuncias y datos de medicina legal, se presentan en promedio
120.000 casos de violencia contra las mujeres cada año, de las cuales entre 500
y 800 corresponden anualmente a casos de feminicidio, también son alarmantes
las muertes por suicidio en un promedio de 700 casos cada año. De las denuncias
presentadas cerca de 20.000 corresponden a casos de violencia sexual
anualmente. Toda esta violencia tiene un común denominador, la impunidad pues
sobre estos casos cerca del 80% terminan sin sanción a los agresores.
Y La violencia de género y
violencia intrafamiliar, ha aumentado en estas épocas de cuarentena según las
denuncias que se conocen a través de los medios de comunicación y las
comisarías de familia y datos de la policía nacional, estas cifras indican que durante
el período de la cuarentena la policía recibió un promedio de cien llamadas
diarias que denunciaban casos de violencia en los hogares, duplicando el
promedio diario antes de la cuarentena, en la ciudad de Bogotá la línea por
pura recibió un promedio de 470 llamadas diarias durante los primeros 25 días
de la cuarentena, mientras que antes de la cuarentena se recibía un promedio de
180 llamadas diarias, lo que pone en evidencia la intolerancia, el
patriarcalismo y la ausencia de eficacia de las medidas para contrarrestar este
tipo de prácticas al interior de los hogares.
La violencia contra la comunidad LGBTI, también es
preocupante que, de acuerdo a los datos de Colombia diversa, unos promedios de
100 personas son asesinadas cada año, desde 2014 es sólo por ostentar una
orientación sexual diferente. Alguna de esta violencia es incluso causada por
agentes de la fuerza pública como se conoció recientemente en las medidas de
control durante la cuarentena.
Como se observa, muchas son las preocupaciones que deben
tender las autoridades y en general a sociedad, si de proteger los derechos a
las mujeres y generar ambientes seguros para ellas se trata, hay que instaurar
una política pública con mejores y mayores herramientas que las que hasta ahora
se conocen. Igualmente es necesario intensificar la pedagogía través de los
medios masivos de comunicación, así como, desarrollar los ajustes legislativos
que permitan tener penas más efectivas para quienes estén comprometidos en
prácticas de violencia de genero e intrafamiliar
4. Persisten entre
nosotros por supuesto otras, como por ejemplo la contaminación del medio
ambiente provocada entre otros elementos por el aumento desmedido del parque
automotor, incluido el transporte público entre ellos el tras milenio que aún tiene
amplia flota de buses cuyo combustible sigue siendo él disel, y además de
algunas industrias tienen eran altas proporciones de emisiones contaminantes,
igual se siguiera siendo vertimientos sólidos y químicos sobre las aguas de las
fuentes idílicas en la ciudad de Bogotá, continúa desarrollándose la
explotación de las canteras sin las adecuadas medidas de protección del medio
ambiente, y como se conoció la última semana ocurrió una nueva tragedia en el
botadero Doña Juana, donde ocurrió un derrumbe, lo que causó de inmediato una
contaminación del aire y la proliferación de vectores transmisores de
enfermedades respiratorias y cutáneas, porque entre otras cosas sencillas y un
de un mal manejo de estos residuos y porque aún falta mucha pedagogía para que la
ciudadanía aprenda a reciclar en la fuente.
También
preocupa las altas tasas que existe en la sociedad colombiana, de acceso a la
salud entre otras cosas porque la privatización de esta, ha ido en desmedro de
la ampliación de cobertura, mejora en la calidad, adecuados tratamientos y
contratación del personal médico sin respeto a su estabilidad y sus derechos
laborales. Situación similar se presenta en la educación, donde el personal
docente no tiene las suficientes garantías para el ejercicio profesional,
además de la piel y de culto al que existen y se han hecho evidente durante la
crisis generada por el COVID 19, del acceso una parte importante de los
estudiantes en ciudades como Bogotá al uso de tecnologías de la información y
la comunicación lo que impedido un adecuado desarrollo de las cajas medios
virtuales además de insuficiencias en la entrega oportuna y adecuada de los
recursos para los refrigerios y las comidas calientes.
Otros males que nos atacan permanentemente, son la
indiferencia social, acompañada de una alta tasa de analfabetismo escolar y
político, la intolerancia, la delincuencia social, las enfermedades mentales
los altos índices de consumo de alcohol y sustancias y cortinas especialmente
entre la población más joven los altos índices de embarazo entre adolescentes,
el maltrato animal, entre otros, que generan importantes tasas de violencia.
Resulta
claro que el país enfrenta grandes desafíos y la pandemia del coronavirus, los
ha hecho más evidentes, han estado con nosotros y nosotras afectando a amplias
capas de población vulnerando permanentemente sus derechos y en muchas ocasiones
llevando a la población a niveles insospechados de pobreza, tal como hemos
conocido durante los 40 días de aislamiento social, que en Bogotá tiene
indicadores cercanos al 50% de la población económicamente activa, que depende
de la economía informal, lo cual da cuenta de los graves problemas
vulnerabilidad y acceso a un ingreso estable y digno, así como, a la seguridad
social, pensión, riesgos laborales, vacaciones, entre otros derechos laborales.
Durante estos días, del desarrollo de la pandemia,
hemos escuchado muchas reflexiones, sobre los cambios qué debe asumir el
comportamiento humano después de superar la crisis, también hemos escuchado notas
editoriales de importantes periódicos del mundo donde se habla del fracaso del
capitalismo, se ha hablado sobre la protección al medio ambiente, sobre el
consumismo, sobre la importancia de recuperar las relaciones familiares y en
fin una serie de temas, que seguramente pasarán a un rápido olvidó, una vez la
humanidad descubra la cura o desarrolle la vacuna contra esta terrible
enfermedad, lo cual seguramente sucederá en no muchos días y de la cual también,
con mucha seguridad, las grandes empresas farmacéuticas, se olvidarán de la
solidaridad que proclaman y hablan hoy y convertirán esto en un nuevo negocio
que nos llenará de grandes riquezas.
Por esta razón, es importante que desde los sectores
alternativos y de izquierda, se tenga en cuenta el papel que va a jugar la
movilización social, la protesta en las calles y la lucha organizada, en primer
lugar para reclamar los derechos que por cuenta de las medidas adoptadas por
los gobiernos, se han perdido para los trabajadores y los sectores más
empobrecidos, como por ejemplo el establecimiento de sistemas de seguridad
social a cargo del estado y no en manos de mercantilistas y traficantes de las
necesidades de la salud. La prestación de los servicios de salud debe retornar
como una obligación indelegable a los estados sociales de derecho o
democraticos .
Así mismo,
se deben animar las luchas que permitan el establecimiento de mejores
condiciones para el ejercicio del derecho al trabajo, empezando por sistema de
contratación duradera y estable, el término de la tercerización laboral, el
derecho de asociación y la negociación colectiva, salario digno, desmonte la
ley 100 de 1993 entre otras garantías de trabajo digno.
Pero
sin duda alguna, las banderas que deben retomar los sectores alternativos son
las que tienen que ver con la derrota al capitalismo y el modelo neoliberal, la
bandera de lucha inmediata en este camino es exigir el no pago de la deuda
externa de los países más pobres.
Tal y como se ha evidenciado durante esta crisis generada
por la pandemia del Covid 19, la humanidad requiere un modelo alternativo de
sociedad basado en la solidaridad, en la garantía de derechos plenos para todos
y todas, por supuesto esto sólo lo logrará con la lucha social a partir de la
organización y la concientización de los trabajadores y los sectores populares
que tienen que seguir desarrollando la batalla contra los capitalistas, que
sólo han pensado y lo seguirán haciendo en cuanto se les permita, en agrandar
sus beneficios en medio de cualquier situación como lo ha constatado la
humanidad en esos días.
También es responsabilidad de las organizaciones
sociales políticas alternativas, desarrollar mejores procesos de formación
política que permitan elevar la conciencia de la sociedad, entorno a distintos
problemas, como la derrota del patriarcalismo, la protección del medio ambiente
y el desarrollo de la solidaridad consciente, que nos permitirá construirnos
como mejores seres humanos.
Estas, entre otras batallas,
derrotaran todas las plagas que el capitalismo ha provocado en detrimento del
ser humano.
Bogota 4 de mayo de 2020

Alfonso, gracias, por tu columna académica, pedagógica, reflejo de la realidad nepótica y reprochable de la mal llamada "clase dirigente" y el modelo económico implementado en nuestra estructura de Estado "democrático" Indigna que todos esto males persistan ante la carencia de políticas públicas en pro de mitigar por lo menos, este Estado de cosas inconstitucional, como lo proclamó la Corte Constitucional ha mucho tiempo; el hacinamiento carcelario, entre otras. Gracias.
ResponderEliminarPandemia de la corrupción y crímenes organizados para gobernar
ResponderEliminarEl autor partidario del encierro infame, llama a la protesta desde el celular o computador, y desconoce la miseria y las muertes de hambre q trae el cierre de la economía...
ResponderEliminarGRACIAS EDUARDO, UN FUERTE ABRAZO
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