El pasado 22 de abril la sala de reconocimiento de la JEP, profirió un auto en el marco del macro caso 006, que investiga los crímenes contra el movimiento político Unión Patriótica. De esta manera el auto 75/22 estableció que “5733 personas fueron asesinadas o desaparecidas en ataques dirigidos contra el partido político unión patriótica entre 1984 y 2016”[i] lo que constituye un reconocimiento histórico que por primera vez se establece a través de un fallo judicial, el reconocimiento del genocidio político contra este movimiento político surgido de los acuerdos de paz entre el gobierno colombiano y la hoy extinta guerrilla de las FARC en 1985.
Es de destacar en este fallo qué
la sala de reconocimiento tuvo en cuenta, diferentes fuentes documentales entre
archivos oficiales y documentación aportada por las organizaciones de víctimas,
lo cual constituye un esfuerzo importante que no se había realizado en el
pasado.
En el pronunciamiento es
importante destacar qué se logran identificar varias unidades militares que
están comprometidas en el desarrollo de este genocidio entre las que se
destacan ex integrantes de la brigada 14 del ejército que actúan en el batallón
de infantería número 3 batallón de Bárbula y el batallón de infantería número
42, asimismo el batallón de infantería número 21, y en Cundinamarca
particularmente en la región de Sumapaz el departamento de policía y el
batallón de artillería número 13 Fernando Landazábal Reyes pertenecientes a la
brigada 13 del ejército, asimismo también la brigada sexta del ejército a
través del batallón de infantería número 16 el batallón de infantería número
17, el batallón de infantería número 18 y el batallón contraguerrilla número 6,
El comando operativo de inteligencia Y contrainteligencia de la brigada 20 y
las seccionales de inteligencia de las brigadas 13 y 14 del ejército nacional,
igualmente la sala determina, que en este hecho criminal existió connivencia de
agentes estatales especialmente vinculados con órganos de inteligencia civil y
militar, grupos paramilitares, expresamente se destaca la participación de
integrantes del departamento administrativo de seguridad, DAS.
Aunque el fallo es un reconocimiento importante de la
responsabilidad del Estado colombiano en la perpetración de este hecho
criminal, también es bueno señalar que en el inmediato pasado se han proferido
otros pronunciamientos, de autoridades colombianas que apuntan en el mismo
sentido. De esta manera en el mes de julio del año 2013 el Consejo de Estado
devolvió la personería jurídica al partido político Unión Patriótica, señalando
con toda claridad, que lo sucedido a la Unión Patriótica era el resultado de un
genocidio, qué hizo que en el año 2002 la organización política se viera
obligada a no participar de las elecciones qué se desarrollaban en ese momento
y lo que provocó qué al no elegir parlamentarios se aplicará lo establecido en
la ley de retirar la personería jurídica. Así, esta decisión electoral de
restituir la personería jurídica se sustenta en el reconocimiento del alto
tribunal de la existencia de una campaña de exterminio contra la organización
política. Manifestando adicionalmente qué está “notoriedad pública de la acción
de exterminio”[ii] debió ser considerada por el Consejo Nacional Electoral y
de esta manera no retirar la personería jurídica lo cual se constituyó en un
hecho que revictimizó al movimiento por parte del propio Estado.
Igualmente en el mes de septiembre del año 2016, el
presidente de la república Juan Manuel Santos en cumplimiento de los
compromisos establecidos en el acuerdo de paz, firmado entre el gobierno
nacional y las FARC, realizó un acto de reconocimiento público de la
responsabilidad del Estado en el exterminio de La Unión Patriótica,
manifestando qué “el Estado no tomó las medidas suficientes para impedir y
prevenir los asesinatos los atentados y demás violaciones a pesar de que esa
persecución está en marcha”[iii] Igualmente el presidente reconoció que este genocidio era
parte de una acción sistemática de estigmatización, exhortando a la sociedad y
a los agentes del Estado a no realizar este tipo de prácticas.
Este reconocimiento por parte del
presidente Juan Manuel Santos, “se constituía como un ejercicio de garantías de
no repetición el esclarecimiento de la verdad y el compromiso de que nadie
vuelva a ser asesinado por razones políticas”. Compromisos que claramente ha
violado el Estado colombiano si se tiene en cuenta, que el cumplimiento y la
implementación del acuerdo final de paz, deja en entredicho el compromiso del
Estado Colombiano para cumplir con lo pactado, igualmente es de gran
preocupación, que durante los cinco años de la implementación del acuerdo final
de paz, el país ha ido retornando lentamente a una reactivación de la guerra
interna, en desarrollo de una “política” impulsada por el partido de gobierno
de “hacer trizas el acuerdo de paz”, la cual es cumplida cabalmente tanto por
el presidente Iván Duque como por distintos representantes de este partido en
el alto gobierno. Esa proclama se ha traducido en un lento avance en el
cumplimiento de lo establecido en el acuerdo especialmente en los temas de
reforma rural integral, drogas de uso ilícito, entre otros aspectos, pero quizá
el hecho más grave es el retorno del país a acciones de guerra, especialmente
contra la población civil, en aquellas regiones dónde se había desarrollado con
mucha intensidad el conflicto, en dónde ahora, asesinatos, combates, desapariciones,
masacres, bombardeos indiscriminados, desplazamientos y confinamientos, hacen
parte de una cruda realidad que tienen que vivir las comunidades que no han
podido conocer el establecimiento de una paz duradera y estable.
De conjunto, estos pronunciamientos
especialmente, el que acaba de proferir la Jurisdicción Especial para la Paz,
deben convertirse en un punto de partida para que la sociedad colombiana,
conozca la responsabilidad y la participación de las élites políticas y su
responsabilidad en la comisión de este plan criminal de exterminio contra la
unión patriótica, así como, contra otras organizaciones sociales y políticas
qué se inclinan por la construcción de un modelo de desarrollo alternativo la
consolidación de la paz duradera y estable y el establecimiento de un régimen
democrático que permita conocer la verdad y un juzgamiento a los responsables
de todos los crímenes cometidos contra la sociedad colombiana durante largos
años de una guerra interna que desafortunadamente aún no termina.
No obstante este importante fallo,
a través del cual una instancia judicial reconoce la responsabilidad del Estado
colombiano en el genocidio contra un partido político de oposición como la
Unión Patriótica, es necesario advertir
al menos 2 situaciones: Una tiene que ver con el proceso que actualmente se
adelanta en la Corte Interamericana de Derechos Humanos por el genocidio contra
la Unión Patriótica del cual está pendiente un fallo, y que ojalá este
pronunciamiento de la Jurisdicción Especial para la Paz, no sea asumido por
este tribunal internacional, como el cumplimiento de aplicación de justicia de
justicia en Colombia, por una situación de violación a los Derechos Humanos, y
en tal sentido, el fallo del tribunal internacional se apoye en la reiteración
de lo establecido por la JEP, lo cual sin duda sería asumido por las víctimas
como una vulneración al derecho de verdad y justicia que se ha intentado a
través de ese mecanismo internacional.
Segundo aspecto a considerar,
tiene que ver con que en todo caso y a pesar de la contundencia del fallo de la
JEP, este como en otras ocasiones oculta lo que ha sido una práctica
sistemática por parte de las autoridades civiles y militares en el país del
desarrollo de una política anticomunista, qué se sustenta en la teoría del “enemigo
interno” y de la “seguridad nacional” a través de la cual, se considera “válido”
emprender las acciones del Estado para “proteger la estabilidad institucional”
de la “amenaza Comunista”. Colombia ha asistido durante todo el siglo XX y aún durante
los primeros años del siglo XXI a una política institucional de persecución y
anticomunismo, que en el pasado desarrollaron el exterminio a movimientos como el Gaitanismo y luego contra el campesinado, y posteriormente contra la UNO (Unión Nacional de oposición), la UP, el movimiento político A Luchar, Frente Popular, o contra pueblos indígenas y comunidades afrodescendientes y que hoy se expresa a través de distintos voceros del gobierno
nacional con una acción sistemática de negar la existencia del conflicto, al
tiempo que se niega la existencia de las víctimas de los crímenes de agentes
estatales. Esa política institucional es la que ha justificado todo el
desarrollo criminal de acciones cómo los llamados “falsos positivos”, y que
reciente hemos conocido a través de los desgarradores relatos de reconocimiento
de responsabilidad de militares que ante la Jurisdicción Especial para la Paz, están
confesando en detalle cómo se realizaban estas acciones criminales contra
campesinos y jóvenes que no tenían ningún tipo de relación con grupos armados.
En esta época que vive el país, es
importante siempre considerar que en la agenda de país, está pendiente qué el Estado
Colombiano desmonte definitivamente todo tipo de acción qué justifique o
legalice acciones criminales de la fuerza pública, para eliminar al opositor
político, es necesario el desarrollo de una acción que garantice a las víctimas
de estas acciones criminales, una justicia imparcial, así como, ejercicios
concretos que permitan esclarecer toda la verdad que aún está pendiente de
conocerse, así como, las garantías institucionales de no repetición.
Alfonso Castillo Garzón, Defensor de los Derechos Humanos
Bogotá, 3 mayo de 2022
_____________________
[i] Comunicado de prensa 036
Auto 75 del 2022, la Sala de Reconocimiento de Verdad y de Responsabilidad de
la JEP. 22 de abril de 2022
[ii] Consejo de Estado sentencia
del 4 de julio de 2013 la Sección Quinta del Consejo de Estado.
[iii] Palabras de Juan Manuel Santos
en acto de reconocimiento de responsabilidad del Estado Colombiano en crímenes
contra la Unión Patriótica, 15 septiembre de 2016.

Gran artículo, Camarada!! 👍
ResponderEliminar