Alfonso Castillo
Defensor de derechos humanos
Afiliado Unión Patriótica
El país asiste a momentos
complejos en el desafío de construir una paz, duradera y estable: De un lado un
gran potencial transformador surgido de
los procesos de paz con las insurgencias, de los cuales uno, el logrado con las FARC, elaboro
un acuerdo del cual se abren inmensas posibilidades de transformaciones
democráticas y desarrollo, particularmente para el campo colombiano, así como
la posibilidad de aproximación a una noción de justicia
que el país no conoce, en especial porque se dan las condiciones para
que se conozca la verdad por años oculta bajo la sombre de una dolorosa guerra.
De otro lado, ha iniciado un acuerdo de cese al fuego bilateral con el ELN, y
las conversaciones de la agenda con ese grupo avanzan en su deliberación.
Sin embargo este panorama, tiene
enemigos poderosos que asechan y amenazan constantemente. Estos enemigos de la
paz, están en el propio gobierno que ha asumido una mezquina para implementación
de los acuerdos, al tiempo que desarrolla una agenda social, económica y
política en abierta contradicción al espíritu de construcción de paz. También
se sitúan como enemigos de la paz varios sectores políticos que se beneficiaron
de la guerra y hoy temen ser puestos al descubierto y se han propuesto no solo
desprestigiar y destrozar el acuerdo de paz, sino que continúan alentando
vientos de guerra, amenazan y masacran comunidades y organizaciones, promotoras
de paz y Derechos Humanos, como dijo el papa Francisco “siembran cizaña”.
Este panorama complejo,
exige de sectores democráticos y
revolucionarios sacar todo su acumulado político, organizativo e ideológico,
para poder enfrentar el desafío de construir una nueva sociedad e impedir que
se imponga sobre el pueblo colombiano la guerra como opción fatalista y desesperanzadora
para el país, frustrando de nuevo el sueño de vivir en paz.
La oportunidad que hoy tenemos,
nos demanda muchas tareas: En primer lugar mantener la determinación
indoblegable de luchar por la paz, la justicia social y las transformaciones
democráticas. No es hora de vacilar en este propósito, que es parte del
carácter indentitario de los demócratas y revolucionarios.
Otra tarea es sin duda la
necesidad de hacer mayores esfuerzos por fortalecer el trabajo organizativo,
popular de base, allí hay debilidades en formación política, capacidad de
articulación y coordinación y en movilización política, por cuanto hace falta
acompañar estas dinámicas de manera sistemática, superando el asistencialismo y
activismo, para llevarlas a nuevos niveles de lucha.
Así, con estas tareas a las que
hay que sumar, las que son propias de la lucha contra el modelo económico,
contra la corrupción, por la defensa del ambiente, los derechos sociales y
económicos de las comunidades populares.
Como puede observarse, este
panorama no da ninguna cabida a expresiones de escepticismo, fatalismos o para
sentirse inferior o pesimista frente a la forma en que como revolucionarios
podemos aportar la lucha en este proceso. Particularmente, los militantes
comunistas deben llenarse de motivos para animar la lucha, entre comunidades y
organizaciones, así como contribuir a organizar escépticos y desilusionados y
comunidades afectadas, por la violencia, la crisis económica y el desgaste
provocado por la falta de liderazgo político y social y el descaro cada vez
mayor de los corruptos.
Los militantes comunistas deben
en este periodo, sacar todo su acumulado político, histórico, de miles de
experiencias aportando a la lucha inclaudicable por los derechos de los
trabajadores, pobladores, jóvenes, mujeres y distintos sectores, en donde los
comunistas han mostrado que la lucha popular organizada y politizada, deja
importantes victorias.
Es justo ahora cuando se requiere
que militantes y estructuras del PCC saquen toda la fortaleza y persistencia, para
mover la comunidad, se requiere audacia e iniciativa política, para ello es
necesario convocar las células y proyectar el trabajo, no es hora de
individualismos o actos desesperados hay que planear y organizar, y de eso los
comunistas colombianos saben.
Bogotá, 5 de octubre de 2017

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