Alfonso Castillo
Defensor de Derechos Humanos
Parece curioso, que tras el
mal manejo que la Fiscalía
General de la Nación, le ha dado al tema
del testaferrato y los “Supuestos” bienes de las FARC, se hallan
desatado oleadas de hordas vandálicas sobre los supermercados señalados por la
fiscalía como bienes de la extinta guerrilla. Sin embargo si se considera toda
la campaña de desinformación y odio que por años se ha sembrado sobre la
sociedad colombiana señalando a las FARC de ser el demonio que causa todos
nuestros males, lo más lógico que puede suceder con esta noticia que más parece
“show mediático” era que la gente intente “castigar” a los dueños de los ya
famosos supermercados.
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Este panorama se hace más
complejo cuando la información mediática se ubica en escenarios de comunidades
donde son evidentes las precariedades económicas y la valoración por la
autoridad y la ausencia de patrones de convivencia y ciudadanía son claros. Se
suma también, que para mucha gente la expropiación a cargo del estado,
significa corrupción y en todo caso “desperdicio” de lo incautado, por cuanto
ya se sabe que esta comida, se pudre en las bodegas gubernamentales, antes que
utilizarse, para “distribuir” entre los sectores más necesitados.
Es importante tener en
cuenta, como la oleada de vandalismo se extendió por todos los locales de la
cadena de almacenes, casi de manera simultánea a la noticia, lo que debe
llevarnos a la pregunta si estas manifestaciones fueran en todo caso espontaneas,
seguidas del “odio” o si en ella existió algún factor adicional que motivara
como una “chispa” los actos de saqueo y vandalismo que se vieron y que primero arremetieron
contra los almacenes en “cuestión” pero rápidamente se extendieron al comercio aledaño.
Igualmente vale la pena
preguntarse, porque este “show de la fiscalía” se presenta justo cuando la
corte suprema de justicia ordena abrir una investigación contra Uribe, por
falsificación de testimonios, cabe recordar, el vínculo del fiscal corrupto
Néstor Humberto, con la élite política y económica del país, incluido Álvaro
Uribe.
Por su puesto al escándalo
de testaferrato se le ha dado más trascendencia, que a la nueva imputación al
ex presidente. Esta es sin duda la labor de una prensa parcializada y comprada,
justamente actuando en favor de quienes de manera violenta y con prácticas de corrupción
han gobernado desde hace dos siglos este país.
La sociedad colombiana debe
tomar la decisión de no confiarse a ciegas de las campañas de odio y desinformación
que provienen de medios de comunicación que desde hace años dejaron de informar
con objetividad, y se colocan al servicio de una clase política corrupta que le
conviene manipular una y otra vez a la opinión pública, siempre intentando
mantener privilegios y defender interese de las élites políticas.
Corresponde al pueblo
edificar su propio criterio, si lo que se quiere es construir una sociedad que
supere las desigualdades y transite el camino de la paz con democracia, justicia
social y sin impunidad, esa es la paz que se necesita.
Bogotá 1 de marzo de 2018.

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